Bolsamania

Crítica: “Alien: Covenant”

Nota: 7

Hay veces que no conviene demasiado pensar, siendo suficiente con actuar dejando que salga lo que tienes en tu interior, y si eso es un xenomorfo, pues mejor que mejor. Ridley Scott nunca ha ocultado que su zona de confort se encuentra entre la penumbra de pasillos de naves, sudo, carreras y tensión. Desde que nos presentase a las temibles criaturas allá por 1979, en la mente del veterano director siempre había estado rondando la idea de volver a donde todo empezó. Así, como un viaje al origen de los xenomorfos, se planteaba la irregular y decepcionante Prometheus. En aquella ocasión, los intentos por dotar de una trascendentalidad excesiva al asunto terminaban por llevarse por delante las aspiraciones del filme. Lo que no nos esperábamos es que, a sus 79 años y con ese carácter endiablado, Scott pudiese ser capaz de aprender con tanta humildad.

Los viejos rockeros nunca mueren. Casi cuatro décadas han pasado desde que conociésemos a los temibles xenomorfos, pero las emblemáticas criaturas siguen siendo capaces de helarnos la sangre cada vez que aparecen en pantalla. Esta vez no había excusa posible, ya que se nos había prometido viajar al las entrañas de la historia escondida tras tan violenta forma de vida. Es ahí donde Scott se da cuenta de que hay que ir a lo bruto, rodando como lo habría hecho aquel director inexperto que se marcó una obra cumbre con Alien, el octavo pasajero. Y ahí es donde reside el éxito de una imperfecta película que, para sorpresa de todos, funciona a las mil maravillas.

Con la inestimable ayuda de Michael Fassbender y de una Katherine Waterston que se antoja como lo más parecido a la primera Ripley que hemos visto nunca, Ridley Scott decide pasárselo bien. Hay momentos absurdos, comportamientos ilógicos de personajes y algún que otro lugar común, pero sea todo bienvenido cuando tenemos a cambio un puñado de secuencias dignas de los mejores momentos de la saga.

Alien: Covenant es una huida hacia delante cargada de oscuridad desde su primer fotograma. El resultado de una ambiciosa falta de ambición. Cierto es que todos nos pusimos espléndidos a la hora de acusar a Prometheus de no ofrecernos el origen de los xenomorfos, pero que la realidad fuese que nos importaba un pimiento. Lo que hemos descubierto con esta segunda entrega es que el universo xenomorfo tiene poca chicha que contar, pero mucha capacidad para hacernos disfrutar.

Héctor Fernández Cachón

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