Bolsamania

Crítica: “12 años de esclavitud”

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Antes de lanzarnos a valorar 12 años de esclavitud conviene aclarar el siguiente punto: una película que trata sobre un suceso vergonzante para la historia de la humanidad no se convierte automáticamente en un producto artístico de calidad. Una película sobre el Holocausto en la que se muestren de forma hiperrealista las torturas y asesinatos de judíos puede funcionar como documento histórico, pero es posible que no sea una buena película. Aunque luego gane 12 millones de Oscars.

Este año hemos podido ver dos películas que tratan la dramática historia de los negros en Estados Unidos. Por un lado la enervante El Mayordomo, y por otro, la que hoy nos ocupa, 12 años de esclavitud. No nos cabe ninguna duda de que ambas buscan triunfar en la próxima gala de los Oscars, pero la cinta de Steve McQueen no toma al espectador por imbécil y le ofrece 2 de horas de cine, sin bien poco original en su historia, al menos satisfactorio.

McQueen viene de encandilar al público con la arriesgada y formalmente impactante Hunger, película que catapultó la carrera de Michael Fassbender. McQueen repitió con el alemán en Shame, otra cinta muy bien recibida. En 12 años de esclavitud, el cineasta británico no interviene en el guión, al contrario que en sus dos proyectos anteriores. De él se encarga John Ridley (Giro al infierno, Tres Reyes). Ridley, a su vez se basó en el libro de Salomon Northup, protagonista de esta historia.

Y si tan solo nos atenemos al guión, 12 años de esclavitud no pasa de ser una cinta convencional, de desarrollo lineal, con flashbacks made in Hollywood, y con algunos diálogos intrascendentes y poco verosímiles. Por suerte, este proyecto recayó en manos de McQueen, si esto lo hace un heredero de la manera spielbergiana, por poner un ejemplo, la cinta hubiese sido un nuevo fiasco moralizante.

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McQueen suple las carencias y la falta de osadía del guión ofreciendo una película formalmente notable, con picos magistrales. Solomon se nos presenta como un músico respetado  que vive en el estado de Nueva York junto a su familia. Su vida da un giro brusco al ser secuestrado por unos negreros. Y viaja al “infierno” del Sur.  (¿Qué opinarán los sureños de estas películas…?).

A pesar de que ya conocemos al dedillo la historia que nos van a contar, McQueen logra alterar el “cómo”, ya que el “qué” es, obviamente, inalterable. El viaje de Salomon en el barco de vapor o la venta ante su primer amo logran desperezarnos y darnos cuenta de que estamos ante algo más que otra historia sobre la esclavitud en el siglo XIX norteamericano. McQueen opta por aplicar grandes dosis de frialdad y realismo a la historia.

Mientras Salomon llega a la mansión de Benedict Cumbertbatch empezamos a contener el aliento. Y la canción que entona el siempre subyugante Paul Dano (Pozos de Ambición, Prisoners) nos inquieta. 12 años de esclavitud va en serio. Pero nuevamente, aparecen algunas lagunas en el guión. La progresión dramática sufre algunos desplomes, tal vez por los innecesarios flashbacks o por algunas escenas intrascendentes.

Por suerte, el personaje de Michael Fassbender aparece en escena. Y no todo el mérito es el de gran actor alemán, sino de lo bien dibujado que está, esta vez sí, gracias al guión de John Ridley. Edwin Epps es el personaje más verosímil y complejo de la cinta, un tipo consumido por el alcohol, su altiva mujer y, sobre todo, su deseo hacia una de sus esclavas.

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Epps es el personaje que nos permite reflexionar y llegar a la conclusión de que la esclavitud nunca ha sido una historia de blancos, negros o indios, de buenos y malos, sino de poderosos y parias. O como diría el otro: “hay dos clases de hombres, los que tienen la pistola cargada y los que cavan“. (Pero la pistola y la pala, puntualizamos, cambia muchas veces de mano a lo largo de la historia).Y si alguien al salir del cine piensa en lo mal que estábamos antes y lo avanzadísimos socialmente que estamos ahora conviene recordar que la esclavitud sigue y seguirá presente en la sociedad humana, pero con otros procedimientos más sutiles.

Dos momentos destacan en esta película por encima de todos: el ahorcamiento y el canto de los negros tras la muerte de un compañero. El primero nos recuerda a los mejores momentos de Hunger, y el segundo logra, sin una palabra, emocionarnos ante la toma de conciencia del protagonista, ante la toma de conciencia de toda una raza frente al opresor. Eso es cine.

¿La mejor película del año? Para responder a esa pregunta habría que haber visto todas y cada una de las cintas que se han estrenado en 2013, incluso las facturadas en Mongolia o Guinea-Conacry. Pero más allá de eslóganes pre-Oscars, 12 años de esclavitud es una buena película.

Lo Mejor: la música, el aspecto formal, el personaje de Fassbender y las dos escenas mencionadas.

Lo Peor: Buena parte de los diálogos, la historia pierde fuelle en algunos momentos.