Bolsamania

Con un par: La primera entrega de “Crepúsculo” era bastante buena

Empezad a afilar cuchillos, porque hoy hemos decido salir al cuerpo a cuerpo. En el año 2008, la exitosa saga adolescente de Stephenie Meyer veía la luz. Crepúsculo llegaba a las salas de cine de todo el planeta y se convertía en un auténtico exitazo. De hecho, la crítica distaba mucho de ser un desastre y el público le daba su bendición. ¿La razón? Pues que la primera entrega de la saga funcionaba a las mil maravillas.

La joven Bella Swan (Kristen Stewart) siempre fue una chica muy diferente ya en sus años de niña en Phoenix. Cuando su madre se volvió a casar, la mandó a vivir con su padre, a la pequeña y lluviosa ciudad de Forks, Washington, una población sin ningún aliciente para Bella. Pero entonces conoce en el instituto al misterioso y atractivo Edward Cullen (Robert Pattinson), un joven distinto a los demás que esconde un secreto… 

¡No me mires!¡Si me da la luz del sol me convierto en un mostruo!”. Bravo, amigo Edward. El tío forrado de cristales de Swarovski y dice que es un monstruo… Peinado molón, un Volvo, hermanas cañón, hermanos metrosexuales y todas las niñas locas por sus huesos. Vale que las secuelas son una chufa, pero en esa hasta Bella nos parecía interesante (luego ya descubrimos que era lerda).

Efectivamente, la primera entrega de Crepúsculo se convirtió en mala después. A medida que se estrenaban nuevas e infames entregas, la cinta original era juzgada con mayor severidad. Así, una película de descomunal poder de seducción quedaba sepultada bajo escombros. Lástima, porque funcionaba bastante bien.

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