Bolsamania

Banda Sonora: “Dead Man” de Jim Jarmusch

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Dice Carlos Boyero, uno de los críticos más seguidos de este país, que Dead Man es “aburrida, irritante”. Cuando este hombre cita esas dos palabras clásicas en su repertorio es que algo va bien en la cinta en cuestión. Podríamos decirlo así: “Boyero, luego cabalgamos”. ¿Puede aburrir Dead Man? Sí, como puede hacerlo el juego del Barça (cuando aun jugaba bien), una exposición de expresionismo abstracto, o las películas de Tarkovski. Y sobre todo, aburre a aquel espectador que espere con esta cinta un western moderno que reinterpreta a los clásicos, que es lo que se viene haciendo últimamente.

Pero Dead Man es diferente. No mejor (ni peor). Diferente. Y lo es, entre otras cosas, por una de las mejores bandas sonoras de los últimos tiempos. Pocas veces en las dos décadas pasadas hemos podido ver una película tan fundida a una banda sonora. Imágenes, diálogos y música forman una unidad indivisible de una belleza poco común. Hasta ahora hemos hablado de bandas sonoras como Drive o Carretera Perdida. Las dos contaban con canciones geniales, pero Dead Man camina por otra senda.

Neil Young fue el encargado de dotar a la historia de Dead Man de una pervivencia en el tiempo. Sin los acordes de su guitarra, la película no sería lo mismo. Jim Jarmusch venía de triunfar con Noche en la tierra. El director de Extraños en el paraíso o Bajo el peso de la ley se enfrentaba a una historia curiosa, algo estrambótica, y ambientada en el Oeste americano. Una oportunidad de oro para que Jarmusch aportara su visión de un género imprescindible en la historia del cine estadounidense.

No hay muchos tiros, ni robos de bancos. El protagonista no es un sheriff bebedor ni un forajido de manos rápidas. Es un mindundi que se ve envuelto, sin quererlo, en un asesinato que le costará muchos quebraderos de cabeza. Humor, poesía, Robert Mitchum, Iggy Pop, y una belleza visual asombrosa que configuran un extraño y magnífico western.

Y el aglutinante de todo ello es la música de Young. Tras recibir la última edición de la película, el compositor canadiense se encerró en su estudio y armado de una guitarra, un piano y poco más, dio rienda suelta a su genialidad creando la música que acompañará a los personajes en su viaje. El resultado fue una formidable combinación de lírica visual y poesía distorsionada, un irrepetible cruce entre Jarmusch y Young.

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