Así se convierte la gran oportunidad de tu carrera cinematográfica en el fin de la misma

Era el momento que había estado esperando durante muchos años. Lo de Stefen Fangmeier siempre había sido el mundo de los efectos visuales. El buen hacer en la disciplina le convertía en uno de los tipos más respetados de la industria. No es para menos, ya que de su mano salían los impresionantes efectos de Terminator 2, Salvar al soldado Ryan, La tormenta perfecta, Master & Commander o Twister. Si querías hacer algo grande, Fangmeier debía estar allí.

Como ocurre con los nombres más afamados del mundo de los efectos visuales, en un momento dado aparece un proyecto tan importante en lo visual, que incluso se les requiere para encargarse de la silla de dirección. Esa oportunidad llegó para Stefen Fangmeier allá por el año 2005. En sus manos se ponía la adaptación cinematográfica de Eragon. Tras 87 semanas en la lista de bestsellers del New York Times, el proyecto apuntaba a convertirse en una nueva saga de éxito. Los precedentes de El Señor de los Anillos o Harry Potter invitaban al optimismo. Desgraciadamente, todo salió mal…

Tras su irrupción en las pantallas en el año 2006, Eragon se llevaba palos de la crítica por doquier. El público no era mucho más benévolo, de modo que la recaudación del filme resultaba igualmente desastrosa. Nada funcionaba en la película, hasta el punto de que el nombre de Stefen Fangmeier desaparecía del panorama cinematográfico tras lo que prometía ser el gran salto de su carrera. Toda una pena.

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  1. Bookeater enero 13, 2020