Bolsamania

“Ad Astra” es una obra maestra de la ciencia-ficción

La soledad no es fácil, sobre todo cuando no es elegida. Ocurre en la vida en general, pero también cuando te sientas en una sala de cine. Precisamente la soledad más absoluta y en todas sus dimensiones es lo que nos encontramos en Ad Astra. Café para los muy cafeteros. La soledad como individuo, como ser social y como especie. Un camino de millones de kilómetros para llegar a nuestro interior.

Ad Astra es una de esas películas que nos van haciendo cada vez más pequeños. La cinta de James Grey nos coloca en compañía de Brad Pitt para iniciar una dolorosa travesía, tan lírica como complicada. Y es que precisamente en la mirada del genial actor encontramos el abismo más absoluto. Su Roy McBride es un astronauta que busca salvar a nuestro planeta, pero que también trata de dar con sí mismo. Un personaje sublime en una cinta arrolladora.

El amor, la familia, la lucha contra los propios fantasmas… El cine de James Grey siempre ha sido eso. Cualquiera que recuerde La noche es nuestra, Two Lovers o la más reciente Z. La ciudad perdida encuentra esos rasgos en abundancia. Todo ello se condensa en los silencios de Brad Pitt a lo largo de todo el metraje de Ad Astra.

Decía un sabio que, al final, siempre era la figura del padre. Lo normal es que las madres estén, pero los padres oscilan más, marcando el resultado de la ecuación. Precisamente eso es lo que destruye a nuestro protagonista. ¿Excusa? Más bien coartada. Ad Astra es la soledad del espacio, pero también el sonido de los latidos del corazón al taparse los oídos.

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