Comentario de Mercado: "Incertidumbre, recesión en el radar y oportunidades tras la caída"
Pedro del Pozo (Mutualidad) | Análisis EE.UU.: incertidumbre, recesión en el radar y oportunidades tras la caída
Pese al cierre en positivo de las bolsas americanas el pasado 1 de abril —impulsado, dicen, por efectos técnicos derivados de los rebalanceos—, el S&P 500 se mueve en niveles próximos a mínimos de los últimos seis meses. Y, por si fuera poco, los futuros de las bolsas de EE. UU. llegan en ligero retroceso en el premarket de la jornada conocida como el Día de la Liberación de Donald Trump.
En este entorno, puede hablarse, sin dramatismos, pero con claridad, de una cierta capitulación por parte del mercado. Una capitulación no tanto en términos de valoraciones absolutas, sino respecto a las expectativas que se daban casi por descontadas en octubre: la llegada de un nuevo presidente estadounidense con un perfil decididamente promercado. O, si se prefiere afinar, claramente pro-bolsa.
Desde entonces, los índices norteamericanos han replicado casi punto por punto lo que podría definirse como el regreso de la famosa put de Trump, con un rebote que ha corregido toda la caída anterior... e incluso algo más. Pero la sensación, en conjunto, es de agotamiento.
Y no sin motivo. En apenas diez semanas desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente Trump ha introducido, por acción u omisión, un grado de ruido político y económico difícil de ignorar. Algunas decisiones —en particular las relacionadas con la guerra arancelaria— han generado una notable inquietud en los mercados, especialmente en el de renta fija, donde la respuesta ha sido claramente adversa.
En este contexto, ha irrumpido con fuerza una palabra que no estaba en las previsiones de nadie hace apenas tres meses: recesión. A principios de año, ninguna casa de análisis se planteaba siquiera la posibilidad de una contracción económica en EE.UU., en un momento en que la economía crecía al 3 % y el empleo mostraba cifras razonablemente sólidas. Hoy, sin embargo, la pregunta ya está sobre la mesa. ¿Habrá recesión? Probablemente no, pero sí es razonable esperar cierta desaceleración.
Los mercados, como siempre, han reaccionado con rapidez a esta nueva narrativa, y han puesto en valor los riesgos emergentes. En este nuevo escenario, y siempre que no haya un deterioro macroeconómico de mayor calado, la reciente caída del S&P 500 podría interpretarse como una oportunidad. El índice presenta un soporte técnico relevante en la zona de los 5.500–5.600 puntos. Incluso cabría hablar de un suelo algo más sólido entre los 5.200 y 5.300. Para quienes no participaron del último rally, estos niveles podrían constituir una ventana de entrada razonable.
Dicho esto, la prudencia sigue siendo imprescindible. La incertidumbre sigue siendo elevada, especialmente en torno al anunciado paquete de medidas arancelarias. Hoy por hoy, las probabilidades de que el mercado suba o baje están, literalmente, en tablas. Si finalmente la economía estadounidense entrara en recesión, no sería impensable ver al S&P ceder más de mil puntos hasta alcanzar los soportes comentados. En suma: estamos ante un mercado que puede ser tanto amenaza como oportunidad. Y esa dualidad se sostiene en el equilibrio inestable que impone el actual contexto político-económico.
En paralelo, la inflación norteamericana sigue mostrando una resistencia a la baja superior a la que observamos en Europa. En ese contexto, no puede descartarse cierta presión al alza sobre los tipos de interés, algo inédito desde la primera presidencia de Trump. Aunque las curvas de deuda se han relajado en las últimas semanas, un repunte inflacionista, impulsado por las PYMES, tendría un efecto doblemente negativo sobre aquellos valores más dependientes de la evolución de los tipos, con la tecnología como claro exponente.
Por tanto, no estamos ante un escenario catastrófico, ni mucho menos. La economía norteamericana, en sus grandes cifras, sigue comportándose razonablemente bien, al igual que sus empresas. Pero el nivel de ruido político y de incertidumbre regulatoria es tal, que amenaza con el peor de los mundos: un deterioro simultáneo de la renta variable y del mercado de deuda al otro lado del Atlántico. Un entorno que, lejos de resolverse con una sola medida, requerirá claridad de rumbo y una cierta normalización institucional para disipar las dudas que hoy pesan sobre los inversores.