Llega la hora de los bancos centrales
Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad
Puntos clave
- El BCE y la Fed afrontan un giro delicado: la inflación vuelve a presionar por el petróleo.
- El riesgo principal no está solo en los precios, sino en una posible estanflación si Ormuz permanece cerrado.
- Las subidas de tipos pueden ser poco eficaces ante una inflación de oferta y dañinas para el crecimiento.
Los bancos centrales vuelven a situarse en el centro del mercado. Según Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, el escenario ha cambiado con rapidez: antes de la guerra en Oriente Medio, la gran cuestión era hasta dónde podía llegar la relajación monetaria; ahora, el debate gira en torno a si el BCE y la Fed tendrán que endurecer de nuevo su política para contener el repunte de los precios.
El detonante es evidente: el encarecimiento del petróleo. La subida del crudo está trasladándose a los IPC generales y ha obligado a los inversores a replantearse sus expectativas sobre tipos. Sin embargo, el problema es más complejo de lo que parece, porque todavía no se ha producido un contagio claro a la inflación subyacente ni a la economía real.
El verdadero riesgo es la duración del conflicto
La clave, según Del Pozo, está en cuánto tiempo se prolongue la tensión en Oriente Medio. Un episodio breve puede provocar volatilidad en el petróleo y en los bonos, pero no necesariamente alterar de forma estructural el ciclo económico. El escenario cambia si el cierre del estrecho de Ormuz se alarga durante seis u ocho semanas más.
En ese caso, los inventarios de crudo empezarían a mostrar tensiones reales y el impacto sobre precios y crecimiento sería mucho más profundo. La posibilidad de una estanflación, con inflación alta y crecimiento débil, pasaría entonces a ser una alternativa muy real.
El mercado todavía no parece descontar un escenario de estanflación, especialmente las bolsas, que siguen mostrando una notable resistencia pese al deterioro del entorno macro y geopolítico.
Una inflación difícil de combatir con tipos
El segundo punto relevante es que el repunte actual de los precios responde sobre todo a una inflación de oferta. No procede de una demanda excesiva ni de un consumo desbordado, sino de un encarecimiento estructural de los costes, especialmente energéticos.
Esto limita la eficacia de los bancos centrales. Subir tipos puede enfriar la actividad, pero no aumenta la oferta de petróleo ni desbloquea el comercio energético. Por eso, el margen de actuación monetaria es más estrecho y el riesgo de error aumenta.
El BCE, ante una decisión incómoda
El Banco Central Europeo se enfrenta el 11 de junio a una decisión especialmente delicada. Puede subir los tipos un cuarto de punto para tratar de contener el repunte de los precios, o retrasar esa medida para evitar asfixiar a unas economías europeas que, salvo excepciones como España, muestran niveles de actividad muy bajos.
Del Pozo advierte de que el BCE podría quedar descolocado si decide subir tipos y poco después se alcanza un acuerdo de paz en Oriente Medio. En ese caso, el endurecimiento monetario llegaría tarde y podría terminar dañando más al crecimiento que ayudando a controlar la inflación.
Subir tipos solo para evitar la imagen de ir por detrás del mercado, como ocurrió en 2021, podría convertirse en un error relevante para la economía de la eurozona.
La Fed tampoco lo tendrá fácil
Una semana después llegará el turno de la Reserva Federal. Kevin Warsh afrontará su primera reunión al frente del banco central estadounidense bajo la presión de una Casa Blanca que sigue reclamando bajadas de tipos.
El problema es que los datos de inflación en Estados Unidos no facilitan ese giro. La inflación general muestra presiones similares a las europeas y el PCE subyacente, la medida más seguida por la Fed, se situó en mayo en una tasa anualizada del 3,8%, tres décimas por encima del dato anterior.
Con ese escenario, rebajar tipos parece complicado. De hecho, Del Pozo plantea que la Fed podría verse obligada a considerar nuevas subidas, aunque también en este caso convendría actuar con prudencia para no provocar un daño innecesario sobre la economía.
Bonos, balance y déficit
Otro elemento que complica el panorama estadounidense es el mercado de bonos. Una reducción acelerada del balance de la Fed sería más difícil de ejecutar en un entorno en el que las rentabilidades de la deuda ya están presionadas al alza por la inflación y por el déficit persistente.
Por eso, junio puede marcar un punto de inflexión en la política monetaria global. BCE y Fed están atrapados entre un crecimiento más débil, unos precios que vuelven a tensionarse y una guerra que introduce una incertidumbre difícil de modelizar.
Para los inversores, la lectura es clara: el margen de error de los bancos centrales se ha reducido. Si el petróleo sigue presionando y el crecimiento se enfría, los mercados tendrán que convivir con un escenario mucho más incómodo que el descontado hasta ahora.