Concentración récord: las 10 mayores del S&P controlan el 40% del índice y deforman el capitalismo
- El estratega Inigo Fraser-Jenkins advierte de que la inversión pasiva, combinada con la fiebre de la IA, está generando una concentración de mercado “distópica”.
- Los fondos pasivos ya gestionan más dinero que los fondos activos y las 10 mayores compañías del S&P 500 concentran cerca del 40% del índice.
- Según su visión, el sistema se parece cada vez más a un “feudalismo corporativo” que a un capitalismo competitivo y dinámico.
Hace casi una década, el estratega Inigo Fraser-Jenkins sacudió a la industria al afirmar que el auge de la inversión pasiva era “peor que el marxismo” porque distorsionaba los precios y debilitaba la asignación eficiente de capital. Hoy, según recoge el periodista Joseph Adinolfi, Fraser-Jenkins vuelve a la carga con una idea aún más inquietante: la combinación entre fondos pasivos e inversión temática en inteligencia artificial habría ido mucho más lejos de lo que él mismo anticipó en 2016.
Su diagnóstico es claro: el peso cada vez mayor de los productos pasivos y la concentración extrema en unas pocas mega tech han creado una estructura de mercado que favorece a los grandes incumbentes y reduce la competencia real.
De la distorsión de precios a la “simbiosis distópica”
En su nuevo informe, Fraser-Jenkins sostiene que los efectos distorsionadores de la gestión pasiva se han reforzado con el dominio de las grandes tecnológicas de alta capitalización, especialmente las ligadas a la IA. El resultado es lo que denomina una “simbiosis distópica”: los índices que ponderan por capitalización otorgan cada vez más peso a las empresas que ya son gigantes, lo que amplifica su poder económico y de mercado sin que medie necesariamente un análisis fundamental clásico.
Según este planteamiento, los índices pasivos no colaboran en la asignación eficiente de capital hacia los proyectos más prometedores, sino que tienden a consolidar posiciones de dominio. Las compañías que ya disfrutan de fuertes efectos de red, ventajas fiscales y posición regulatoria cómoda reciben un flujo constante de dinero simplemente por ser grandes, no por ser mejores en términos de innovación futura.
Fraser-Jenkins llega a comparar este entorno con una suerte de “feudalismo corporativo”, en el que unas pocas compañías cobran rentas sobre el sistema en lugar de verse forzadas a innovar para mantener su liderazgo.
El peso de la pasiva y la concentración récord en índices
En la práctica, la magnitud del fenómeno es ya difícil de ignorar. Los fondos pasivos estadounidenses —ETF y fondos indexados— gestionan alrededor de 19,1 billones de dólares, frente a los 16,2 billones de los fondos de gestión activa. Esta cifra incluye no solo renta variable, sino también renta fija, materias primas y otras estrategias.
Al mismo tiempo, la concentración en los grandes índices se ha disparado: las 10 mayores empresas del S&P 500 representan cerca del 40% de la capitalización total del índice. Aunque una cierta concentración no es rara en los mercados globales, Fraser-Jenkins considera que el nivel actual, unido al auge de la IA y a años de política fiscal y regulatoria permisiva, está creando un entorno con menor competencia y mayores barreras de entrada.
En este contexto, advierte de un doble riesgo: por un lado, para la economía real, que podría ver frenado su dinamismo; por otro, para los propios inversores, que podrían sufrir pérdidas significativas si, en algún momento, se produce una salida masiva de los grandes valores que hoy concentran el grueso de los flujos pasivos.
Reflexión de Capital Bolsa
Nosotros creemos que el mensaje de fondo es claro: la gestión pasiva ha sido una revolución en costes y simplicidad, pero su éxito masivo empieza a tener efectos secundarios sobre el funcionamiento del mercado. No se trata de demonizar los ETF ni los índices, sino de reconocer que, en un entorno con tanta concentración, tiene sentido combinar pasiva con gestión activa selectiva y con límites de peso por valor o sector.
En la práctica, vemos lógico que los inversores revisen cuánto riesgo real están asumiendo en ese “5% o 10%” del índice que concentra casi toda la capitalización de mercado. Diversificar por factores, por regiones y por estilos —y no solo replicar índices cap-weighted— puede marcar la diferencia si en algún momento se pincha parte del entusiasmo actual por la IA y las mega tech. En un escenario así, la aparente tranquilidad de la inversión pasiva podría volverse repentinamente más volátil de lo que muchos esperan.