Marchena ha renunciado a la presidencia del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo acordada por los dos principales partidos tras publicarse un indecente whatsapp del portavoz del Partido Popular en el Senado. En el mensaje, distribuido a todos los senadores del PP, este individuo, colaborador necesario de los desmanes de Fernández Díaz en el asunto de la policía patriótica (y en otros de parecido pelaje), explicaba a sus conmilitones de la cámara alta que el pacto conseguido con el PSOE no solo garantizaba al PP la presidencia del CGPJ y del Supremo sino que además se formalizaba “controlando la Sala Segunda [de lo Penal, competente en el juzgamiento de aforados] y presidiendo la sala del 61 [la encargada de asuntos de relevancia política como la ilegalización de partidos]”. Y explicaba sin el menor pudor que “nos jugábamos las renovaciones futuras de 2/3 del TS y centenares de nombramientos en el poder judicial, vitales para el PP y para España”. La indecencia llegaba en este colofón a extremos intolerables de desfachatez porque vinculaba el interés de España con el del PP.

Marchena tiene una ejecutoria intachable, avalada por su formación jurídica y por la brillantez de su currículum, y su trayectoria ha sido perfectamente rectilínea, por lo que no podía tolerar que alguien pudiese imaginar que la decisión de la sala que presidía el pasado septiembre, cuando Pablo Casado fue criticado pero no imputado penalmente por el trato de favor recibido en su máster, se había debido a alguna servidumbre política. La renuncia a participar en la farsa que ahora ha saltado por los aires con su renuncia pone a salvo la dignidad del magistrado… Y deja a la clase política enfrentada a su propia putrefacción. El PP no ha entendido que la expulsión de Rajoy de la política fue una gran decisión colectiva contra la corrupción que no tiene vuelta atrás y de la que debería sacar conclusiones permanentes y constructivas.

Porque la reacción del PP, que ha culpado al PSOE de lo ocurrido por haber aireado el acuerdo y ha manifestado que se retira del pacto -¿de qué pacto, si ya había estallado con la retirada de Marchena?- y que no volverá a negociar hasta que dimita la ministra de Justicia, llevaría a la carcajada si no estuviéramos enfangados de nuevo en un indecoroso lodazal.

La situación generada por Cosidó –por el PP– es tan grave que probablemente ha muerto con ella el método de elección parlamentaria del CGPJ que hoy figura en la Ley Orgánica del Poder Judicial. Habrá que estudiar el caso con detenimiento, pero es muy posible que resulte imposible restituir el crédito del sistema de cupos para elegir a los veinte vocales y haya que volver a la literalidad de la Constitución, que deja la elección de 12 vocales en manos de jueces y juristas de reconocido prestigio.

Lo grave del caso es que seguiremos sine die con Lesmes al frente de una Justicia políticamente desacreditada, y en momentos en que su prestigio hubiera resultado vital para mantener la prestancia y la lozanía del Estado.

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2 Respuestas

  1. El sistema en crisis | Analytiks

    […] de un exministro sin principios, que ha hecho estallar y saltar en pedazos el inestable y dudoso proceso de renovación del Consejo General del Poder Judicial (es bien evidente que PP y PSOE, ambos debilitados por el surgimiento y la presión de los nuevos […]

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