El pasado 14 de agosto, el puente Morandi de Génova, contruido entre 1963 y 1967, colapsó. Tras una fuerte tormenta, parte de la estructura, la de mayor envergadura, se vino abajo.  El Instituto de la Ingeniería de España ha acogido la mesa redonda sobre este accidente, organizada por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y el Ministerio de Fomento. Los ponenes hicieron hincapié en la necesidad de invertir en las obras públicas una vez que han sido construidas, es decir, en su mantenimiento. De este modo, será más fácil evitar accidentes y tragedias como la sucedida en Italia.

Desde el Colegio de Ingenieros, su presidente, Juan A. Santamera, asegura que siempre han hablado “de la necesidad de no olvidarse de las obras públicas una vez construidas. Pero para ello es imprescindible una correcta inversión en este sentido. Somos conscientes de la importancia que el mantenimiento tiene para la Administración”. Para ello, asegura, es necesario poner en marcha “estrategias que permitan llevarlo a efecto. Solo así podremos asegurar nuestras infraestructuras”.

Para mantener la red viaria de forma óptima es necesario invertir un 2,5 % de su valor patrimonial. “Según datos de nuestros compañeros de Acex, la red del Estado supera los 80.000 millones y el valor de las carreteras de comunidades autónomas y diputaciones supera los 115.000 millones, por lo que Fomento debería duplicar el presupuesto destinado a la conservación hasta los 2.000 millones de euros al año, como mínimo, siendo en la actualidad tan solo, del orden de los 960 millones de euros”, ha continuado Santamera. Para concluir, el presidente del Colegio ha señalado que “tan importante como construir –o aún más– es conservar y mantener lo construido. No olvidemos nunca lo ocurrido en el Puente Morandi para que no vuelva a suceder”.

Mesa redonda y público asistente al acto

Mejorar la gestión en la conservación y tratar de igualar el presupuesto en conservación de construcción. Este es el principal objetivo en esta materia de Javier Guerrero, director general de Carreteras del Ministerio de Fomento. Hace 10 años, ha asegurado durante su turno, la inversión en mantenimiento en carreteras era de 1.300 millones de euros. Ahora es de 850 millones.

Herrero ha explicado cómo realizan la labor de supervisión sobre las infraestructuras en varios niveles: inspección básica de primer nivel (43.000 realizadas en 2017), supervisión de segundo nivel cada 5 años –aunque asegura que están tratando de “acortar ese tiempo a tres años”– para detectar posibles intervenciones (en 2017 han supuesto 5 millones de euros) y un tercer nivel de intervención de emergencia (como sucedió con el puente de Alcoy).

El director general de Carreteras ha afirmado que “el estado general de nuestra red es bueno, razonable ya que no se ha detectado ninguna situación alarmante”. Ha concluido que, aunque la capacidad económica es limitada, la voluntad del Ministerio es dar un empujón en conservación. “España es un referente en el terreno de la ingeniería a nivel mundial, pero hay que actualizar y modernizar algunas cosas para no perder esa posición de referencia”.

Jose Polimón, vicepresidente del Colegio, ha sido el encargado de introducir esta mesa redonda abogando por la realización de este tipo de jornadas y ha recordado la importancia de la inversión –”que no gasto”– en conservación. A continuación, Antonio Martínez, presidente de ACHE, ha presentado a los ponentes y ha explicado los antecedentes de este accidente para situar el debate.

En primer lugar, Javier Manterola, de CFC SL, ha contextualizado la obra de Ricardo Morandi con varios ejemplos de sus creaciones como el puente Maracaibo, el viaducto del río Fiumarella, la pasarela del torrente Lussia o el puente sobre el río Storm. “Morandi era un referente, un creador de puentes. Sin embargo, el de Génova era un puente feo y mal encajado. Tenía un diseño de pila rígida muy característica que trataba de reproducir en todas sus creaciones”.

Francisco Millanes, de la UPM, por su parte, ha señalado la importancia del aprendizaje como colectivo: “Tenemos que ver qué se puede hacer para evitar que esto vuelva a ocurrir. En definitiva, analizar la situación y buscar los porqués, algo inherente a nuestra profesión”. Ha centrado su intervención en la tecnología de tirantes, su evolución y las mejoras tecnológicas introducidas en los últimos años. Ha explicado las tendencias en esta materia que pasan por orientar el proyecto del puente, y de sus elementos, con el objetivo de mejorar las tareas de inspección y mantenimiento, incorporando un Anejo específico con el Plan de Inspección y Mantenimiento; así como orientar el diseño a la búsqueda de la mayor robustez estructural, frente a: acciones extraordinarias de carácter sísmico y climático (vientos, huracanes, etc.); accidentes por incendios, choques de vehículos, de trenes o de embarcaciones; actos vandálicos, terroristas o sabotajes; y roturas de elementos o detalles por problemas de mantenimiento y conservación.

Seguidamente, Javier León, de la Escuela de Madrid (UPM), ha desgranado el concepto de vida útil de las estructuras: “De lo que se trata es de asegurar las prestaciones de las estructuras”. Ha afirmado que es necesario analizar qué se hace en este sentido: “No debemos esperar hasta el final, a ver qué pasa con las infraestructuras o cómo responden, sino que hay buscar una actitud más activa de los sistemas de gestión”.

Luis Ortega, de ARPHO, ha sido el último en intervenir para repasar la cultura de conservación en España –”históricamente no ha habido cultura de conservación”. Con la implantación de sistemas de gestión y mantenimiento de los puentes en España en los años 70 y 80, se dio un giro a la conservación, aunque todavía quedan aspectos por mejorar: insuficientes recursos; exigencia de intervención de especialistas en la redacción y valoración del plan de mantenimiento y en las operaciones de conservación especializadas; optimización del coste total de la obra; proyectos con detalles y sistemas que faciliten la inspección visual y el mantenimiento; así como I+D.

Antes del debate con los asistentes, José Polimón ha cerrado la jornada destacando tres conceptos fundamentales: robustez, redundancia y durabilidad. Ha apelado a la calidad en todas las etapas de la infraestructura y ha incidido en la idea de inversión en conservación y “no gasto”. Ha querido poner en valor la labor de los ingenieros de Caminos como especialistas en esta materia y todo lo que pueden aportar en aras de un mejor sistema de conservación.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.