1. La guerra de trincheras sigue, los electorados son bloques casi monolíticos sometidos a tensiones. La intención de voto se mueve con lentitud geológica, o eso tiene que parecer a políticos, periodistas y analistas agitados por las negociaciones y ruedas de prensa, pero los ciudadanos saben que tienen mucho de teatro y maduran su voto a su ritmo. En una guerra de trincheras pierde el primero en el que se extienda el desánimo o la desconfianza en su dirección, está pasando con Podemos.
  2. Las negociaciones han hecho verosímil que Podemos y los “independentistas” apoyen o entren en el Gobierno, esto ha asustado a los votantes de centro derecha que se abstuvieron en diciembre. Todo el centro derecha votará en junio elevando los votos del PP en medio millón y los de Ciudadanos en algo más.
  3. El resultado de estos dos movimientos es que podrían moverse unos 15 escaños, de los que Podemos perdería 11, el PP ganaría 5 y Ciudadanos otros 5. Las elecciones anticipadas cambiarían poco la relación de fuerzas pero lo suficiente para que sea posible una mayoría parlamentaria PP+Ciudadanos.
  4. Los principales cambios se han producido en la imagen de los dirigentes políticos:
  • Rajoy es respetado y valorado por sus votantes pero también creen que es un tapón para abrir una nueva etapa, sólo una minoría quiere que sea otra vez el candidato, esto pasa a veces con algunos candidatos[1]. Ha crecido la hostilidad que levanta en los demás electorados, por tanto, se ha reforzado su dimensión de “referente” electoral negativo para movilizar el voto en contra del PP.
  • Sánchez se ha consolidado como líder del PSOE, pero su imagen está tocada desde que las negociaciones entraron en punto muerto y se disolvieron los efectos del debate de investidura. Gestionar su imagen después del fiasco será un reto para el PSOE.
  • Rivera ha sufrido cierto desgaste por el fiasco de las negociaciones, pero ha conseguido buena imagen entre los votantes del PSOE y del PP. ¿Se convertirá esa buena imagen en nuevos votos para Ciudadanos?, de momento no.
  • La imagen de Iglesias se ha deteriorado mucho, su liderazgo es poco integrador y es rechazado por los demás electorados. Consigue audiencia, pero no proyecta liderazgo. Su descenso discurre en paralelo a la del electorado de Podemos, es tan fuerte que cabe pensar que Podemos pueda erosionarse más.
  1. La política española está dominada por el espectáculo. La escenografía de todos los partidos, entrando en las salas de reuniones rodeando al jefe y avanzando en formación cerrada, se inspira en Reservoir Dogs. Fue algo que comenzó con el PP en sus convenciones que Podemos elevó al virtuosismo, seguido por PSOE y Ciudadanos. La imagen transmite violencia y bloque compacto, reflejo de lo que se han convertido los electorados. Tarantino “dirige” este momento político.

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  1. La guerra de trincheras.

Sigue la guerra de trincheras, los electorados son bloques separados por interminables líneas infranqueables. Aunque las encuestas publicadas parecen sumarse a la “política espectáculo” con saltos en las estimaciones de voto increíbles (que afectan a millones de votantes en pocas semanas) y titulares llamativos: “El PSOE cae tanto como el PP mientras Podemos se hunde”, sólo se salva uno, que debería subir …, pero en el gráfico que publica el mismo diario el PSOE baja un 2,1% y el PP sube un 1,7%, ¡en tres semanas!, y el que se salvaba baja un 0.7%. Es evidente que las encuestas se utilizan para influir en las direcciones de los partidos. En paralelo, se “analiza” que nada cambiaría si hubiera otras elecciones.

Lo más chocante es que los responsables de algunas encuestas parecen creer que los votantes juegan a los dados con sus votos, no es así, el voto un elemento clave de las identidades personales, cuesta trabajo cambiarlo (baste considerar las fracturas de status sociales, generacionales e ideológicas que explican la fragmentación en cuatro partidos[2] o en más en las comunidades). Las corrientes cambio de voto se definen y operan con claridad en direcciones definidas no en vaivenes en todas direcciones. Lo que puede ocurrir es que la agitación de la política agote a fragmentos de la opinión pública, eso puede estar empezando a pasar.

Desde diciembre la intención de voto se mueve a cámara lenta, como si cada avance o retroceso supusiera para cada electorado la pugna por una cota en una batalla cuerpo a cuerpo (o tertulia a tertulia en los medios, conversación a conversación en “la calle”). Es casi un punto muerto, pero hay algunas fisuras en las líneas, que se detectan en la imagen de los líderes.

  1. Corrientes profundas de voto.

Desde las elecciones alteran la intención de voto cuatro corrientes de fondo:

  1. La movilización de los abstencionistas de centro derecha en diciembre, aproximadamente un millón, preocupados por la perspectiva de un gobierno PSOE-Podemos-nacionalistas, que las negociaciones han hecho verosímil. Al principio se agruparon entorno al PP, pero en febrero se dividieron en dos mitades entre el PP y Ciudadanos. De este modo, ambos han aumentado su intención de voto en medio millón de votos, algo más Ciudadanos porque ha absorbido los restos de UPD.
  2. En la izquierda Podemos sufre un sensible desgaste, se podrían estimar unas pérdidas de unos 600.000 votos desde diciembre, que se distribuyen entre el PSOE e IU. Esta circulación es más compleja. Para algunos votantes de izquierda (los que se sitúan en los puntos 2 y 3 de la escala ideológica de izquierda a derecha) la circulación entre PSOE, IU y la abstención es algo habitual, ahora parece haberse unido Podemos. En todo caso, las fronteras entre los tres electorados son muy fuertes (es una guerra de trincheras), aunque un pequeño fragmento de los votantes circule por ellas.

El dilema que se le planteó a la dirección de Podemos para gestionar el resultado electoral se está saldando con pérdidas de votantes, fracturas en su dirección y desgaste de la imagen de Iglesias.

  1. Se concentra el voto en los cuatros partidos nacionales y los nacionalistas estables. Podemos y sus asociados recoge “voto útil” de la izquierda nacionalista (EH Bildu, BNG, ..). Todos los “otros” partidos excepto ERC, PNV y CC (y PACMA) pierden votos respecto a las elecciones de diciembre por esta concentración.
  2. Se estabiliza el trasvase de CiU (DiL) a ERC.

Son cambios limitados, pero suficientes para mover 15 diputados.

  1. La valoración de los líderes entre sus votantes.

La personalización a que ha arrastrado la nueva política hace que la valoración de los líderes sea fundamental. En este terreno los efectos de las negociaciones se aprecian con claridad, aunque no se hayan traducido en movimientos significativos de voto.

Tomando como referente la valoración de los votantes de cada partido hacia su líder.

Rajoy sufrió un fuerte desgaste al comienzo de la legislatura, pasó de 7,4 a 6,8 (en una escala de 0 a 10) de valoración media entre los votantes del PP. En esas semanas no consiguió fijar la idea de que hubiera ganado las elecciones y su estrategia abstencionista desconcertó. En el Debate de Investidura de Sánchez, Rajoy salió revalorizado entre sus votantes, como si hubieran comprendido su estrategia y visto su superioridad sobre los demás líderes.

Pero, frente a esos elementos positivos, hay otros negativos. Su valoración entre los votantes de otros partidos ha empeorado sensiblemente en estos meses, es decir, polariza cada vez más. Por otro lado, entre sus votantes, sólo el 44% desearía que fuera candidato en unas nuevas elecciones, mientras que en febrero era el 48.5%. En suma, el caso de Rajoy muestra que es posible que los votantes de un partido tengan buena opinión de su líder mientras que valoran, mayoritariamente, que su figura es un límite para su crecimiento y para abrir una nueva etapa. Para Rajoy será complicado gestionar el periodo post-ruptura de las negociaciones PSOE-Podemos, porque si aparece como el obstáculo para “otro acuerdo” su imagen se resentiría incluso entre sus votantes.

Sánchez consolidó su liderazgo entre sus votantes entre enero y febrero, pasando de 6,1 a 7,1. Su gestión del resultado convirtiéndose en el eje de las negociaciones y su acuerdo con Ciudadanos mantuvieron su elevada valoración. Salió bien del Debate de Investidura, pero cuando las negociaciones entraron en una fase estéril y el impacto del Debate se fue disolviendo su valoración descendió a 6,5. Gestionar el cierre de las negociaciones será un problema para el PSOE, Sánchez tendrá que reinventarse, otra vez.

Rivera se consolidó para sus votantes en febrero (7,4 de valoración) para descender desde entonces, hasta 6,8. Como en el caso de Sánchez, no conseguir que el acuerdo cristalizase en algo concreto debilitó su imagen. Pero se mantiene como el elemento de cohesión de Ciudadanos, que no supera la idea de partido coyuntural, basado en la distancia de sus votantes con el PP de Rajoy.

gy_06El desgaste más notorio es el de Iglesias, desde el 7,1 en febrero a 6,0 a principios de abril. En este descenso se condensan las dificultades para integrar en Podemos a sus socios nacionalistas de izquierda que han quedado como “asociados” con estrategias propias y la pésima digestión de la negoción con el PSOE que ha terminado fracturando su equipo. Además, Iglesias polariza y recibe valoraciones hostiles de los votantes del PP (2,5) y de Ciudadanos (3,1) –lo que anima su voto ante la amenaza de un gobierno con participación de Podemos-, y entre los del PSOE se produce la extraña circunstancia de que es peor valorado que Rivera (3,5 frente a 5,9 de éste último) cuando en enero la situación era a la inversa (5,0 Iglesias y 4,8 Rivera). La erosión de su imagen es grande. Fue el que peor salió del Debate entre sus votantes (ya se comentó que el 19% de ellos desaprobó su intervención y un tercio quería que Sánchez fuera presidente). Iglesias está mucho más desgastado en la opinión pública que en los medios que siguen fascinados por su capacidad para generar imágenes. Iglesias es ahora un punto débil de Podemos. A estas alturas, ha fracasado en integrar a las élites políticas regionales que se arracimaron en Podemos, en integrar en su equipo dirigente a los alcaldes más conocidos, en gestionar la negociación con el PSOE echando la culpa de la ruptura al PSOE, en trasformar su imagen de “tertuliano” en dirigente político, en transmitir la imagen de disponer de un proyecto alternativo más allá de una guerra de guerrillas cultural y una sucesión de perfomances en el Congreso y ayuntamientos, o en reconducir hacia el pragmatismo el talante levantisco de la élite política procedente de la extrema izquierda que se ha encaramado en la dirección de Podemos y asociados. En suma, Iglesias no ha convertido su liderazgo en una fuerza de integración interna ni para sus votantes. Que siga captando la atención mediática no significa que cumpla la función de liderazgo imprescindible en una organización política, es algo que parece confundir. Audiencia no es lo mismo que voto. Es verdad que en su favor opera el aire de fronda global que flota en ambiente (Indignados en París, etc.)

Como muestra el gráfico, los dirigentes implicados en la negociación han salido dañados por el fiasco. El desacuerdo o no saber concretar un acuerdo se paga.

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Uno de los datos más ilustrativos de la situación, es que la mayor parte de la opinión pública percibe desunidos al PP (57%), PSOE (66%) y Podemos (65%), reflejo de la fragilidad de fondo de sus liderazgos. Sólo Ciudadanos aparece como un partido unido (83% lo percibe así) a cambio de tener escasa proyección más allá de la figura de Rivera. En definitiva, los cuatro partidos nacionales tienen serios problemas percibidos por la opinión pública.

  1. La coalición Podemos-Izquierda Unida.

¿Cómo se traduciría a votos un eventual acuerdo entre Podemos e IU?. Lo primero que hay que subrayar es que los electorados (y los cuadros) de ambos partidos están más separados ideológicamente de lo que hace suponer su posicionamiento en el espectro izquierda derecha, en el que están superpuestos. IU responde a una posición ideológica de izquierda tradicional radicalizada mientras Podemos toma referentes de la izquierda alternativa. Por tanto, no parece automática la suma. Se podría decir de otra forma: los votantes de IU decidieron resistir la ola de Podemos en diciembre, por tanto, tienen razones de fondo para verse como algo distinto. En IU son muchos los que ven a Podemos como una OPA hostil.

Entre los votantes de Podemos (5,2 millones) el 84% piensa que ambos partidos deberían ir juntos a las elecciones (es decir, 4,35 millones) y un 5% (0,25 millones) no está de acuerdo con esta coalición, pero la votaría. Pero un 11% (0,57 millones) declara ahora que no la votaría. Entre los votantes de IU (925.000 votos) las resistencias son mayores: el 60% apoya la coalición y la votaría (0,57 millones), un 7% no la apoya pero la votaría y un 28% no la quiere ni la votaría (0,3 millones). Es decir, un eventual acuerdo entre ambos partidos podría no ser apoyado por unos 600.000 votantes de los 6,1 millones que votaron a ambos. En esta “estimación” habría que excluir a los votantes de Podemos que se están alejando del partido. Este ejercicio viene a mostrar que esta eventual coalición no supondría la suma automática de ambos electorados, al menos, en principio. En la dinámica electoral es posible que arrastrase a los votantes renuentes de ambas formaciones. Como toda hipótesis, es de imposible comprobación previa.

  1. Estimación de voto y escaños.

Los datos han variado muy poco desde marzo:

El PP se mantiene en 7.7 millones de votos, algo más de medio millón por encima de su resultado en las generales. El origen de este incremento es la movilización de los abstencionistas de centro derecha.

Ciudadanos está en 4,1 millones, ha recogido “su parte” de los abstencionistas de centro derecha y los restos de UPD. Está en el punto máximo de intención de voto que obtuvo en noviembre, cuando empezó a descender por su insustancial campaña electoral. Es relevante resaltar esto porque probablemente Ciudadanos es un partido muy sensible aún a la campaña que pueda hacer y, desde luego, a lo que haga Rivera. Como se vio en un número anterior son los votantes que se sienten menos vinculados a su partido.

El problema para ambos es que los “yacimientos” de voto del centro derecha están agotados, no hay más abstencionistas ni huérfanos de UPD. El crecimiento de cualquiera de ambos se tiene que producir a costa uno del otro, con la posibilidad de que Ciudadanos capte algunos votantes del PSOE.

El PSOE ha sumado casi 700.000 votos desde las elecciones, se trata de abstencionisas de izquierda –que sienten ahora que su voto puede ser necesario para evitar un gobierno de centro derecha- y de votantes de Podemos, con toda seguridad, antiguos votantes del PSOE. IU se ha situado en 1,2 millones de voto, añadiendo 300.000 procedentes de Podemos. Podemos ha perdido 600.000 (de 5,2 a 4,6 millones), compensados en parte con los restos de los partidos nacionalistas de izquierda periféricos.

IU pasa de 925.000 votos a 1.250.000, pero no se convierten en nuevos escaños.

Se puede decir que, con la salvedad del descenso de Podemos y leves ascensos de Ciudadanos e IU, la situación es casi exactamente la de marzo, y la de febrero:

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Las leves oscilaciones comentadas tienen traducción “espectacular” en escaños, sobre todo a costa de Podemos, un sistema de cuatro partidos nacionales y fragmentación en Cataluña produce que pequeños cambios en la intención de voto se multipliquen en cambios de escaño. La distribución de los votos a nivel provincial hace que sea casi un juego de dados: si alguno baja, los restos de cualquier otro pueden sustituirlo en el reparto.

El panorama a principios de abril es el siguiente:

Voto sobre censo electoral

(Millones de votos)

Voto sobre votos válidos (%) Escaños
Elecciones Dic. 2015 Estimación Marzo 16 Elecciones Dic. 2015 Estimación Marzo 16 Elecciones Dic. 2015 Estimación Marzo 16
PP 7.2 7.7 28.7 29,2 123 128
PSOE 5.5 6,2 22.0 23.7 90 92
Podemos 5.2 4,6 20.7 17,5 69 58
Ciudadanos 3.5 4.2 13.9 16,1 40 45
IU 0.9 1.2 3.7 4.6 2 2
ERC 0.6 0.8 2.4 3,0 9 11
DiL / CDC 0.6 0.4 2.3 1.7 8 5

Los eventuales cambios de escaños:

Provincias en las que ganaría escaño Provincias en las que perdería escaño
PP Almería, Alicante, Badajoz, Huesca, Orense, Toledo, Ciudad Real
PSOE Madrid, Barcelona
Podemos Alicante, Almería, Badajoz, Barcelona, Burgos, Huesca, Madrid, Orense, La Rioja, Toledo, Valencia
Ciudadanos Burgos, Ciudad Real, Gerona, La Rioja, Valencia
IU
ERC Barcelona, Tarragona
DiL – CDC Barcelona, Gerona, Tarragona.


FICHA TÉCNICA

Universo Población española mayor de 18 años
Ámbito Nacional
Muestra 2.300 entrevistas

Afijación proporcional por comunidad/hábitat

Margen de error ± 1,74 %
Fecha de trabajo de campo 28 de marzo a 5 de abril de 2016.
Tipo de entrevista CATI (telefónicas)
Proceso estadístico Estudio de Sociología Consultores
Análisis y Autor José Antonio Gómez Yáñez

[1] POPKIN, S.L. (2012): The candidate, Oxford University Press, pág. 65.

[2] GÓMEZ YÁÑEZ, José Antonio: “Fracturas sociales, generacionales e ideológicas en el nuevo mapa político”, El Confidencial, 27 de diciembre de 2015. http://blogs.elconfidencial.com/espana/pagina-tres/2015-12-27/fracturas-sociales-generacionales-e-ideologicas-en-el-nuevo-mapa-politico_1127395/

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