Las encuestas suelen presentar la política como una carrera de caballos, pero dan mucha más información. Desde hace un año y medio la política española se ha transformado y se ha convertido en una guerra de trincheras.

  1. La batalla de las identidades

La fragmentación de los espacios políticos y la personalización en los líderes han llevado a una “guerra de trincheras” cultural impulsada por las direcciones de los cuatro partidos (los nacionalistas estaban en ella desde antes). Unos más que otros, han detectado que en un mapa con cuatro o cinco partidos, en algunas comunidades con seis o siete, no hay espacio para los matices o la racionalidad. Se trata de tomar los referentes ideológicos que definan los espacios electorales. El campo de batalla es la mente de los votantes. La lógica responde a la guerra de trincheras del frente occidental de la I Guerra Mundial: atacar frontalmente al enemigo lo que lo compacta pero también compacta las propias fuerzas[1].

El más potente de los nuevos, Podemos, lleva ventaja: acosa a “la derecha” para arrinconar al PSOE y a los nacionalistas de izquierda con un nuevo arsenal de “identidad”. No lo puede hacer con una oferta programática alternativa porque no la tiene, el hundimiento de la experiencia griega acabó con esa fabulación, lo que tiene es una reconstrucción de la identidad del país y de la izquierda. Sus cuadros están más cómodos en este debate que en la gestión. Trata de reescribir la Transición y de ganar la hegemonía en la izquierda enfrentándose frontalmente al PP[2], que responde con la contraofensiva en los mismos terrenos más el miedo a un Frente Popular resucitado[3]. Esta polarización reduce espacios a los del centro (Ciudadanos y PSOE), que ganan oxígeno en la negociación política. El PSOE también está en esta guerra posicional: no enviar el “documento de negociación” al PP –al tiempo que se podía descargar en pdf- es una manera apretar sus filas e incrementar la tensión.

Para los dirigentes esto tiene grandes ventajas: están en su zona de confort mental, no hay que inventar para responder al adversario, no hay resquicio para sutilezas. Es el terreno para políticos rudos y sin imaginación (los que ocupan los “escaños” de La Sexta). En clave de opinión pública es un choque frontal que conduce a un punto muerto.

Esta pugna por los significados se concentra en dos puntos neurálgicos: el Ayuntamiento de Madrid, principal institución a cargo de Podemos (la reinterpretación de los Reyes Magos en la Cabalgata, la reinterpretación de la Guerra Civil excluyendo cualquier vía de reconciliación entre los dos bandos, una representación de títeres en los carnavales magnificada desde los medios de derecha pésimamente gestionada por el Ayuntamiento, lo que incrementa su repercusión; la interpretación del terrorismo de ETA “al paso de los títeres”, la indumentaria en actos sociales, etc.) y la Comunidad Valenciana, donde el PP ha colapsado al emerger tramas de corrupción masivas, también en la Comunidad de Madrid el PP se está colapsando[4].

Esto se mezcla con la presión-negociación de la investidura de Sánchez plagada de dobles juegos, faroles y desplantes.

ideologias y partidos

El resultado, que se entrevía a mediados de 2015, es que los partidos se han encerrado en electorados con espacios ideológicos impermeables, con referentes distantes de los demás. El cuadro y la tabla de identificación ideológica según recuerdo de voto el 20 de Diciembre, muestran hasta qué punto se han polarizado los electorados alrededor de focos ideológicos distintos: el PP en conservadores y democristianos, Ciudadanos en las ideologías de centro (liberal, progresista y socialdemócrata), el PSOE en el socialismo, Podemos en una nueva mezcla de izquierda que casi excluye los referentes de la izquierda tradicional e IU en el comunismo mezclado con progresismo. Si se suman las diferencias generacionales y de status social quedan cuatro/cinco bloques distintos y homogéneos internamente.

recuerdo de voto

 

Una conclusión adicional: la socialdemocracia ha quedado desvaída como referente ideológico, lo que debilita mucho al PSOE.

  1. Cierre de filas: la lealtad de los votantes

El resultado es un debate abrupto, tenso, pero eficaz para las direcciones de los partidos: simplifica su trabajo (con discursos plagados de frases hechas, declaraciones grandilocuentes, conceptos excluyentes) y compacta a sus electorados. Además, moviliza algunos fragmentos de los dos bloques de abstención que quedaron el 20-D (al margen de los abstencionistas crónicos). Desde hace año y medio el debate político es identitario (entrando en este concepto también lo territorial). Absorbe la energía y la atención de los cuadros políticos, con abstracción de todo lo demás. La situación a principios de febrero, con la élite política absorta en estos temas mientras se vislumbran varias crisis globales, prueba hasta qué punto lleva a la obsesión. La crispación que desprende se extiende a todos los temas a través de las redes sociales[5].

Como resultado los electorados han compactado. La mayor parte de los votantes de cada partido es muy estable y hay pocos votantes vulnerables –que podrían pasar a otro partido o abstenerse- pero también hay pocos accesibles. Todos comparten un enorme rechazo de los demás electorados y entre los abstencionistas.

Escala de lealtad de voto

Desde esta perspectiva, Ciudadanos es el más débil, el que tiene lazos más superficiales con sus votantes, pero también el que parece tener mayor potencial de crecimiento con “elevados” porcentajes de votantes accesibles y ambivalentes. Es el que menos polariza y el que menos desgaste arrastra del pasado.

Vistas las cosas desde esta perspectiva, la forma cómo ha gestionado la situación la dirección del PP no parece la más eficaz, un analista lo sintetizaba escénicamente: “van corriendo a la periferia del escenario sin que le funcionen los resortes del miedo y sin que se les ocurra ninguna otra cosa”, Gistau, op. cit.).

  1. Estimación de voto.

Hay tres novedades en febrero:

Se mantiene el arrepentimiento de los votantes de centro derecha que se abstuvieron, pero el estallido de más casos de corrupción del PP y su pérdida de iniciativa al renunciar Rajoy al encargo del Rey, han provocado que el PP pierda parte de esos apoyos recobrados, que se han deslizado a Ciudadanos.

Los debates identitarios movilizan porque tocan los resortes emocionales, por tanto, todos los partidos han incrementado ligeramente sus potenciales votantes. Es verdad que pueden producir cansancio pero, aunque es perceptible en los medios, aún no ha llegado a la opinión pública. Se impone un sentimiento de hincha: se apoya al propio equipo aunque juegue mal.

En Cataluña se observa un sensible incremento de ERC a costa de lo que queda de CDC. Parte de los votantes de CiU entiende que con la salida de Mas ha pasado una etapa y ahora toca a ERC ser el referente nacionalista. El instrumento del nacionalismo moderado catalán –CDC y Unió- se ha autodestruido, por tanto, parte de sus votantes pasan a otro partido que venga a representar lo mismo.

En esta lógica, no se valoran las gestiones de los partidos, el voto es la expresión de la identidad de cada votante. Esto se refuerza en la media en que Rajoy (el PP) ha renunciado a cualquiera de las dos cosas que podía hacer para alterar el mapa: seguir gobernando simbólicamente gestionando las negociaciones para un nuevo gobierno y presentándose a un Debate de Investidura del que hubiera podido salir como referente personal imprescindible (de manera similar a Felipe González en la moción de censura de 1980) o la renuncia de Rajoy dejando paso a un nuevo dirigente popular que hubiera podido alterar la lógica de compactación de los electorados. Al permanecer todos los referentes fijos, los votantes también, hasta que un electorado se desfonde psicológica y emocionalmente, es decir, pierda toda esperanza de ganar.

Mes y medio después de las elecciones, los resultados se repetirían con la leve oscilación de un ligero incremento del PP y del PSOE. La distribución de escaños sería casi exactamente la misma.

LEgislatura 2011-2016

  1. Estimaciones de voto y escaños

El panorama a mediados de enero era el siguiente:

Voto sobre censo electoral

(Millones de votos)

Voto sobre votos válidos (%)

Escaños

Elecciones Dic. 2015 Estimación Febrero 16 Elecciones Dic. 2015 Estimación Febrero 16 Elecciones Dic. 2015 Estimación Febrero 16
PP 7.2 7.7 28.7 29.0 123 125
PSOE 5.5 5.9 22.0 22.6 90 94
Podemos 5.2 5.5 20.7 20.9 69 69
Ciudadanos 3.5 3.6 13.9 14.0 40 33
IU 0.9 1.0 3.7 4.0 2 2
ERC 0.6 0.8 2.4 3.4 9 13
DiL / CDC 0.6 0.4 2.3 1.8 8 6
PNV 0.3 0.3 0.9 1.1 6 5

 

FICHA TÉCNICA

Universo Población española mayor de 18 años
Muestra 2.100 entrevistas
Afijación proporcional por comunidad/hábitat
Margen de error ± 2.18 %
Fecha de trabajo de campo 1 a 10 de febrero de 2016.
Tipo de entrevista CATI (telefónica)
Análisis de los datos y proceso estadístico Estudio de Sociología Consultores José Antonio Gómez Yáñez

 

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[1] En esta clave: LAPUENTE, Víctor: “Pastores o borregos”, El País, Madrid, 9 de febrero de 2015, p. 11.

[2] CANO, Germán: “Podemos tras el (segundo) desencanto”, El País, 12 de febrero de 2015.

[3] GISTAU, David: “Miedo”, ABC, Madrid, 10 de febrero de 2015, p. 12.

[4] Es evidente que si un partido tiene a su Secretario General durante una década en la cárcel, buena parte de su organización está minada. Al PP le aguardan enormes sobresaltos según avance la investigación.

[5] PÉREZ OLIVA, Milagros: “El amargo tuit de Dani Rovira”, El País, 20 de febrero de 2015.

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