"El dólar continuará bajo presión en 2026": así creen las gestoras que afectará a la economía

Los expertos alertan que esto aumenta el riesgo de resurgimiento de la inflación

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Bolsamania | 11 nov, 2025

2025 está siendo un "annus horribilis" para el dólar. Y a pesar de que tras la venta masiva de principios de año, el 'billete verde' se ha estabilizado en los últimos meses, las preocupaciones sobre el impacto económico de las políticas de la Administración Trump siguen presionando a la divisa estadounidense. Por ello, los analistas no descartan un escenario en el que la depreciación siga avanzando.

"Los fundamentales del dólar, como los grandes déficits gemelos presupuestarios y por cuenta corriente, y un tipo de cambio muy por encima de su media a largo plazo, podrían sentar las bases para una nueva depreciación del 20-30%", indica George Brown, economista de Economía Global de Schroders.

Una opinión compartida con Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM, quien valora que "desde enero, el dólar se ha depreciado frente a todas las divisas del G10, con la mayor parte de la caída concentrada en la primera mitad de 2025. Consideramos poco probable que esta tendencia se revierta y esperamos que el dólar siga debilitándose en 2026".

Es más, aunque los expertos creen que la inversión en inteligencia artificial (IA) está impulsando el crecimiento del PIB estadounidense y la inversión en tecnología de procesamiento de información seguirá siendo un viento de cola importante en 2026, el apoyo desde el frente monetario debería ir menguando.

"Un repunte significativo de la divisa requeriría un repunte claro del impulso macroeconómico estadounidense, algo que no forma parte de nuestro escenario base", remarca Wewel.

Por ello, todo parece indicar que el euro mantendrá una ventaja estructural creciente frente al dólar "dada la erosión del Estado de derecho en EEUU, en contraste con la independencia política indiscutida del Banco Central Europeo (BCE)", añaden en J. Safra Sarasin Sustainable AM.

En este sentido, desde la gestora consideran que con la finalización del mandato de Jerome Powell en la Reserva Federal (Fed) en mayo de 2026, la independencia del banco central estadounidense "volverá al centro del debate".

EL ORO AMPLÍA SU PAPEL COMO ACTIVO REFUGIO

Ante este escenario, otros activos van a recoger el testigo como refugio. Tal es el caso del oro, que ha registrado este año su mejor desempeño desde 1979, con una subida superior al 50% en lo que va de ejercicio. "Pese a su reciente corrección, mantenemos la convicción de que el entorno sigue siendo favorable para el metal precioso, tanto a medio como a largo plazo", dice Wewel.

De hecho, cita cuatro factores que contribuirán a ello. En primer lugar, la incertidumbre geopolítica continúa siendo elevada, como evidencian la guerra en Ucrania y la situación política en EEUU.

El segundo aspecto es que el oro continúa estando 'infraponderado' en muchas carteras. "Los inversores que antes permanecían al margen están empezando a incorporarlo y aumentar sus posiciones, lo que justifica precios estructuralmente más altos".

"En tercer lugar, las compras institucionales seguirán siendo un factor clave, a medida que los bancos centrales diversifican sus reservas alejándolas de los activos denominados en dólares. En general, esperamos que el oro siga ampliando su papel como activo refugio global".

Además, plantea que la creciente demanda de emisores de stablecoins y la posible rotación más amplia fuera de los criptoactivos representan riesgos adicionales al alza.

IMPACTO EN LA ECONOMÍA

Pero ¿cómo impactará todo esto en la economía? En el caso de EEUU, el mayor riesgo radica en la inflación. "Una moneda débil suele plantear riesgos de estanflación para la economía que la emite. A medida que las importaciones se encarecen, la inflación tiende a aumentar, las condiciones financieras se endurecen y el crecimiento económico se ralentiza", afirma Brown.

En cambio, un dólar más débil sería un impulso deflacionario para el resto del mundo. "La consecuencia más inmediata de un dólar más débil sería su impacto en los precios de las importaciones".

El impacto desinflacionario suele ser más fuerte en los mercados emergentes. Así, una depreciación del 20% del dólar podría reducir la tasa media de inflación de los alimentos en estas economías en alrededor de un 1,2% y reducir la inflación de la energía en otro 1,4%.

En China, la gestión flexible del tipo de cambio del renminbi frente al dólar estadounidense significa que un dólar más débil tiende a traducirse en importaciones más baratas de productos manufacturados chinos. "Es probable que el impulso desinflacionista de los movimientos del tipo de cambio se vea reforzado por los continuos problemas de China con el exceso de capacidad industrial y la débil demanda interna", señalan en Schroders.

Y en Europa, por el contrario, el debilitamiento del dólar ya está revelando vulnerabilidades subyacentes, especialmente en los sectores impulsados por las exportaciones, que pueden enfrentarse a dificultades debido a la reducción de la competitividad de los precios.

"Si no se protege la base manufacturera, se podrían producir pérdidas de empleo en regiones industriales clave, lo que alimentaría el sentimiento populista, especialmente en países como Alemania e Italia, donde la industria manufacturera sigue siendo una importante fuente de empleo. Los partidos populistas también podrían ganar terreno en Francia, donde los riesgos fiscales son elevados debido a la mala dinámica de la deuda", concluye Brown.

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