• A sus 32 años, su objetivo es cambiar el modelo productivo del país y promover cambios sociales
  • Todo ello en un estado considerado uno de los más extremistas y con menos libertades del mundo
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Mohamed Bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudí

Mohamed Bin Salman. El príncipe heredero de Arabia Saudí ha vuelto a ocupar las portadas de los medios de comunicación internacionales tras la detención de once príncipes, cuatro ministros y decenas de exministros y hombres de negocios. Entre los detenidos, figuran el jefe de la Guardia Nacional, el ministro de Economía y el presidente de la televisión MBC (Middle East Broadcasting Center).

Las detenciones se han 'vendido' como un paso más en la lucha de Salman contra la corrupción, pero nadie duda de que también refuerzan su creciente poder en uno de los países más extremistas y conservadores del mundo (ocupa el puesto número 12 en la lista de países con menos libertades, según la ONG 'Freedom house'). Otro de sus objetivos, al parecer, es confiscar los activos propiedad de estos millonarios e incorporarlos a las arcas públicas.

Nacido en 1985, hijo predilecto del actual rey de Arabia Saudí, el príncipe heredero ha desplegado una frenética actividad desde que fue nombrado ministro de Defensa en 2015. Entre sus medidas, una controvertida política internacional, como la intervención militar en Yemen para acabar con la guerra en el país vecino.

Esta intervención se ha vuelto en su contra, al crear una emergencia humanitaria en la zona y poner en evidencia la capacidad militar del ejército saudí, que pese a su poderoso armamento no consigue acabar con la resistencia de los rebeldes hutíes.

Oxford Economics comenta que la 'purga política' “concentra más poder en sus manos”, lo que le permitirá “acelerar su ambicioso y caro programa de transformación económica”

Además, ha sido el impulsor de la ruptura de relaciones diplomáticas con el emirato de Qatar, debido a las relaciones de este pequeño país con Irán, el principal rival de Arabia Saudí en Oriente Medio. Conocido ya como 'Mr. Everything', porque se ha convertido en el epicentro del poder en el régimen, su ascenso ha provocado el descontento entre el resto de ramas que conforman la extensa monarquía saudí, compuesta por más de '14.000 principes'.

Este descontento entre clanes también explica la detención de uno de los hombres más ricos del país, el inversor Alwaleed Bin Talal, uno de los mayores accionistas individuales de compañías como el banco Citi o la red social Twitter.

Desde Oxford Economics, comentan que la 'purga política' “concentra más poder en sus manos”, lo que le permitirá “acelerar la implementación de su ambicioso y caro programa de transformación económica”.

No obstate, añaden que la detención de reconocidos empresarios e inversores puede afectar “a la confianza de los inversores internacionales” y aumentar el coste de financiación de las empresas saudíes. Por otra parte, afirman que la reciente subida del petróleo puede suponer un gran apoyo para el poderoso príncipe heredero.

REFORMAS ECONÓMICAS Y SOCIALES

Porque a nivel económico, Salman ha impulsado un ambicioso programa de reformas, denominado 'Vision 2030', para cambiar el modelo productivo de Arabia Saudí (que a su vez incluye la salida a bolsa de Aramco, el gigante petrolero estatal).

El objetivo es valorar Aramco en 2 billones de dólares, colocar el 5% en bolsa y conseguir 100.000 millones de dólares para destinarlos a un Fondo Público de Inversión que promueva el cambio de modelo económico.

En el ámbito social y cultural, ha lanzado varias iniciativas que han aumentado su popularidad entre la población joven (el 70% de los saudíes tiene menos de 30 años). Por ejemplo, ha anunciado el fin de la prohibición de conducir para las mujeres y su propósito de que aumenten su peso en el mercado laboral.

También quiere reducir el poder de la clase dirigente religiosa (ha declarado públicamente que favorece un Islam más moderado) y promover una política cultural y de entretenimiento enfocada hacia los ciudadanos más jóvenes. Esto, en un país conocido por su extremismo religioso, donde imperan la sharia y el wahabismo, una corriente extrema y muy rigurosa del Islam, es toda una novedad.

SALIDA A BOLSA DE ARAMCO Y TRANSPARENCIA

En un intento por acercarse a la población y eliminar la imagen oscurantista que siempre rodea a los monarcas saudíes, ha concedido en los últimos meses varias entrevistas televisivas a canales como Al Arabiya o MBC en las que ha lanzado varios mensajes a la comunidad árabe y a la comunidad internacional. En primer lugar, ha comentado que la salida a bolsa de Aramco, el conglomerado petrolífero más importante del mundo, es tan sólo “un paso” de su estrategia para cambiar completamente la economía y la sociedad de Arabia Saudí.

Considera que esta operación aportará “transparencia” a la compañía, ante las dudas de muchos inversores sobre sus reservas reales y su cuenta de resultados. “Todos los bancos internacionales auditarán las cuentas de Aramco y esto será muy positivo”, ha señalado. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha dado la “bienvenida” al “aumento de transparencia” en su último informe sobre Arabia Saudí.

El entretenimiento y la cultura son muy importantes para cambiar los estándares de vida de nuestra población en un corto periodo de tiempo, ha comentado Salman

Para Salman, el país "tiene un problema de adicción al petróleo” que es necesario solucionar, porque ha afectado al desarrollo de otros sectores económicos (el 70% del PIB del país depende del crudo). “El petróleo debe considerarse como una inversión, no como la fuente primaria de ingresos”, ha añadido.

En este sentido, su objetivo durante los próximos años es “diversificar nuestras inversiones fuera de la energía” a traves de un Fondo Público de Inversiones (Public Investment Fund) cuyo objetivo es controlar “el 3% de los activos a nivel mundial”. Este fondo estará presidido por él mismo, pero necesitará la aprobación del resto de consejeros para tomar sus decisiones. “Funcionará de acuerdo a los mecanismos de gobernanza establecidos”, ha explicado.

Su intención es aprovechar el dinero obtenido con el petróleo para convertir al país en una “potencia inversora a nivel mundial”. Otra de sus metas es que su territorio se convierta en lugar estratégico para el comercio entre Asia, Europa y África, sobre todo aprovechando el Mar Rojo, por donde circula el 13% del comercio mundial. “Esto creará grandes oportunidades económicas”, ha señalado, tras presentar un ambicioso proyecto para desarrollar una zona económica espeical en las orillas del Mar Rojo valorado en 500.000 millones de dólares.

Vivimos en una sociedad moderna donde es difícil no ser transparente. Es importante proporcionar información a los ciudadanos y a las empresas para el correcto funcionamiento del Gobierno”, ha afirmado. El 70% de la población (de un total de 32 millones) tiene menos de 30 años y el 50% menos de 25 años.

“Quiero aprovechar nuestras ventajas hasta 2030 y luego entrar en otra fase para potenciar nuestras debilidades”, ha añadido Salman. Otra de sus ambiciones es duplicar el número de peregrinos que visitan La Meca (actualmente 8 millones al año) hasta 15 millones en 2020 y hasta 30 millones en 2030, para lo cual potenciará el desarrollo de infraestructuras como varios aeropuertos o el metro de La Meca.

Se ha declarado a sí mismo como “enemigo de la burocracia lenta” y apuesta por una “burocracia rápida que ayude a la toma de decisiones”. También ha apostado por desarrollar “oportunidades culturales y de entretenimiento” para la población, en un país que es famoso por sus prohibiciones. “El entretenimiento y la cultura son muy importantes para cambiar los estándares de vida de nuestra población en un corto periodo de tiempo”.

También quiere impulsar la industria minera para explotar las importantes reservas del país y desarrollar la industria de armamento, para que el 50% del gasto en Defensa se dirija a productos producidos en Arabia Saudí.

La purga política realizada indica que su objetivo es realizar los importantes cambios que desea para Arabia Saudí a través de un poder absoluto concentrado en su persona. Eliminada la oposición interior por el momento, también ha obtenido el respaldo internacional de Donald Trump.

El presidente ha señalado en Twitter que tiene “una gran confianza en el rey Salman y en el príncipe heredero” porque “saben exactamente lo que están haciendo”. Estas palabras se producen después de que durante su visita del pasado mes de mayo Trump firmara acuerdos de inversiones valorados en 380.000 millones de dólares. De esta cantidad, 110.000 millones pertenecen a contratos militares.


La relación con Trump ha acercado de nuevo a EEUU con Arabia Saudí, ya que el actual presidente no centra su relación con el país en el respeto a los derechos humanos, como hizo Obama. Según Freedom House, el país “restringe casi todos los derechos políticos y libertades civiles a través de una combinación de leyes opresivas y el uso de la fuerza”.

El tiempo dirá si esta realidad comienza a cambiar a a corto plazo con Mohamed Bin Salman, porque sería deseable que la 'revolución' económica que promueve termine provocando cambios importantes en la estructura social y política de uno de los países más extremistas del mundo.

Por el momento, es pronto para saber si tendrá éxito en sus ambiciosas iniciativas, aunque según un experto en Inteligencia consultado por 'Bolsamanía', "lo tendrá muy difícil". La resolución del conflicto bélico en Yemen a su favor cada vez parece más lejana, así que la salida a bolsa de Aramco debe ser exitosa para permitirle avanzar en sus reformas económicas. Tampoco le será fácil cambiar el modelo productivo de una sociedad con un alto nivel de vida gracias a los subsidios públicos. Además, deberá lidiar con las complicadas e intensas luchas palaciegas para conservar su poder actual, en un auténtico 'Juego de Tronos' saudí de consecuencias imprevisibles.

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