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La reunificación de deuda: el préstamo entre los préstamos (I)

 

Desde luego si tuviéramos que destacar algún tipo de producto financiero que tuvo su momento álgido hace ocho o diez años a la memoria de muchos lectores sin duda vendrían aquellos préstamos rápidos, que, prácticamente han desaparecido de la propuesta de productos financieros actual, aunque, es cierto, se siguen ofreciendo con variantes importantes fundamentalmente en lo que a las garantías exigidas se refiere.

Sin duda otro de estos productos u operaciones estrella de esos años era la reunificación de deuda, en la que, se venían a aunar, habitualmente utilizando el préstamo hipotecario como paraguas, todas las operaciones financieras del usuario agrupándose en un único producto.

Esta operación, comprensible desde el punto de vista de la necesidad pero que, curiosamente, se llevaba a cabo con más frecuencia de lo que cabría esperar generando hipotecas a muy largo plazo con intereses altísimos en las que prácticamente parecía que cabía de todo, ha seguido el rumbo esperable para un producto nacido en la época de vacas gordas, es decir, como usuarios seguimos solicitando la préstamos, pero, por un lado, las empresas intermediarias que antaño abundaban ofreciendo este tipo de servicios prácticamente han desaparecido, y, por otro lado, las entidades financieras no son tan proclives hoy en día a conceder este tipo de operaciones, ya que, tal y como veremos a continuación, se alejan mucho del perfil de operación de financiación que hoy en día impera.

El comportamiento más usual de este tipo de operación sería aquel en el cual tras el estudio de la operación se realiza una nueva operación de préstamo hipotecario que viene por un lado a aumentar los plazos de amortización del producto origen, y a sumar el resto de créditos y préstamos al importe, obteniendo de este modo una rebaja en los costes de las amortizaciones por separado de los productos, aunque, obviamente, al aumentar de manera más que notable en los plazos de amortización los intereses finales serán mucho más altos que los de los productos contratados en primera instancia.

Es decir, resumiendo más aún, se trata de juntar todas nuestras deudas con entidades financieras en una sola, bajo la forma de nuestro préstamo hipotecario, y aprovechar la posibilidad de extender el plazo de amortización de este producto para rebajar nuestros costes mensuales en amortizaciones de productos de financiación, a cambio, pagaremos mucho más por esta financiación de lo que nos hubiera costado en origen.

Si constatamos que prácticamente el 90% de las empresas intermediarias que ofrecían este tipo de servicios han desaparecido, y que las entidades financieras se convierten a fecha de hoy en el único proveedor posible para una reunificación de deuda, comenzaremos también en unión a todo lo anteriormente expuesto a comprender por qué las entidades bancarias realmente se muestran muy reacias a la concesión de este tipo de operaciones, algo que desarrollaremos en el próximo artículo.

Imagen 1 y 2: 401(K) 2012 flickr creative commons // Images_of_Money flickr creative commons

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