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Cinco ocasiones en las que no deberías pedir un préstamo

El dinero fácil es una tentación a la que resulta difícil resistirse. De hecho, este acceso casi ilimitado a la financiación es lo que está detrás de la crisis económica. Aunque puedas hacerlo, hay casos en los que es mejor dejar pasar la oportunidad de pedir prestado. Estos son cinco ejemplos.

Los préstamos son una herramienta de lo más útil, pero también un verdadero peligro si se usan ‘alocadamente’ o sin pensarlo. Hoy en día proliferan los préstamos preconcedidos con los que la entidad financiera ofrece directamente la posibilidad de acceder a entre 5.000 y 15.000 euros de forma casi inmediata y son muchas las personas que terminan haciendo uso de los mismos pese a no necesitarlos.

Prestamos con trampa

Otro ejemplo clásico de préstamos que ‘se van de las manos’ son los préstamos para la compra de un coche o las hipotecas.  Sólo hay que pensar en amigos que han gastado más de lo presupuestado en el coche porque el modelo superior les gustaba más y el banco les daba el dinero. Con la vivienda, en la época de la burbuja crediticia era normal ver cómo se firmaban hipotecas por el 110% para amueblar también la casa y cambiar el coche para convertirse en propietarios ‘a lo grande’. Más allá de estos casos, existen momentos y elementos que nos alertan para no pedir un préstamo o dejar la propuesta de financiación sin firmar. Estos son los cinco más claros.

Cuando hace falta un avalista

Que el banco exija un avalista debe ser un toque atención, una suerte de alarma. Esto quiere decir que la entidad no termina de fiarse de tus posibilidades para repagar la deuda y por eso requiere garantías adicionales. Si el banco necesita esas garantías es que realmente ve un riesgo en darte tanto dinero -sí, hay casos en los que el avalista es ya casi un requisito sin e qua non, pero no nos referimos a ellos-.

Además, debes tener en cuenta las obligaciones que contraerá el avalista al firmar y lo que esto puede suponer para tu relación con él en caso de impago.

Tienes el grifo cerrado a los préstamos tradicionales

Existe más de una fórmula de financiarse y los préstamos tradicionales son sólo una de ellas. Es entonces cuando surgen alternativas como los préstamos rápidos, los anticipos de nómina y similares, incluida la tarjeta de crédito. Es mejor que lo pienses antes de contratarlo porque sus condiciones no siempre son las mejores y puedes terminar pagando en concepto de intereses mucho más de la cuenta.

En el caso de la tarjeta de crédito, no se trata tanto de los intereses por el dinero prestado, sino los que se activan en caso de que no cumplas con tus compromisos.

Tu situación financiera no es la mejor

En Estados Unidos tienen lo que se conoce como Credit Score o Nota de Crédito que básicamente resume el historial crediticio de una persona y las posibilidades de conseguir un préstamo. Cuanto mejor es, más fácil será lograr financiación y en mejores condiciones. En España no contamos con una herramienta similar pública -los bancos sí que manejan herramientas similares- pero sí que hay elementos que pueden anticipar si nos darán o no un préstamo y las condiciones. Estos son los más importantes:

  • Tu nivel de deuda respecto a tus ingresos
  • Tus ingresos y gastos
  • Tu historial financiero
  • Eres demasiado joven o demasiado mayor
  • La finalidad del préstamo

Pides prestado para tu boda

Es un clásico y algo que deberíamos evitar. Evidentemente todo el mundo quiere la boda perfecta, pero si algo nos dice la experiencia es que ese día puede ser igual de perfecto sin un enorme despilfarro y sin endeudarse. Aunque se trata de una decisión muy personal, piensa que los problemas financieros son uno de los principales motivos de divorcio y empezar tu vida de casada con una deuda puede no ser el mejor punto de partida.

Pides prestado para tus vacaciones

Los préstamos para vacaciones están a la orden del día como los de Navidad y similares. En general cualquier préstamo personal relacionado con el ocio debería ponerse en entredicho. De nuevo, estamos ante una cuestión muy personal, pero con una gran incidencia en la economía doméstica.

Lo ideal en estos casos donde pedimos prestado para gastar en ocio es planificarse y llegar ahí donde nuestros ahorros nos lo permitan. Si quieres una televisión de 42′ pero sólo puedes permitirte una de 32′ tienes dos opciones, conformarte o esperar y ahorrar.

Esto mismo puede aplicarse a la inversión. Salvo casos muy concretos, pedir prestado para invertir es la forma más fácil de terminar en la ruina. Piensa que toda inversión implica un riesgo y que en esta caso, si las cosas van mal no sólo habrás perdido el dinero, sino que además conservarás la deuda.

¿Cuáles son los casos en los que nunca pedirías prestado? ¡Cuéntanoslos! Estamos deseando oírlos.

Imagen – Pretty Vectors en Shutterstock

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