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Créditos para pagar otros créditos, puede ser un error destructivo

Cuando hoy en día analizamos la tasa de morosidad de los créditos a particulares en nuestro país, a pesar de habernos casi acostumbrado a cifras difíciles de asimilar, no podemos dejar de preocuparnos por unos datos que resultan excesivos incluso en el marco de un proceso de crisis como en el que se han desarrollado. En esto hay muchos elementos que influyen, pero, como usuarios, no debemos tampoco escurrir el bulto ante algunas cuestiones difíciles de asumir pero reales como por ejemplo el mal uso generalizado que durante años se ha dado en relación a la financiación personal cuando esta era realmente asequible.

No se trata de establecer un debate sobre si los culpables son quienes ofrecían un exceso de facilidad en el acceso al crédito, a sabiendas de lo que esto puede significar ante cualquier movimiento de la economía, como al final ocurrió, o, de quienes aceptaron dicho sistema de vida a crédito sin preocuparse en exceso de las posibles consecuencias de dicha aceptación. En ambos casos hay suficientes implicaciones y derivaciones como para poder convertirse en un debate verdaderamente espinoso que no es el objeto de este artículo, aunque sin hablar de culpas, es evidente que un porcentaje de responsabilidad notable también recae en el usuario ante este tipo de decisiones.

Créditos

Comprueba en este post los peligros de la reunificación de deuda

El cuento de vivir a crédito

El uso de instrumentos de financiación para sostener los costes cotidianos de una economía doméstica es uno de los pasaportes directos al sobreendeudamiento y, por extensión, a la morosidad y probablemente a la quiebra de la economía personal. Y sin embargo, sigue siendo una práctica desafortunadamente muy arraigada que si bien tras el cierre del grifo crediticio se alejó de los productos al uso, es decir de los préstamos y créditos, concedió una importancia mayor aún a la que ya tenía a otro gran enemigo del bolsillo del usuario medio, la tarjeta de crédito.

Y es que, tarjetas mágicas como esas famosas tarjetas opacas utilizadas por directivos y consejeros de Caja Madrid y Bankia no son la realidad, la realidad se basa en un crédito caro, a muy corto plazo generalmente, con una repercusión directa total sobre el cómputo de gastos ingresos de la economía doméstica y  que genera en los procesos de morosidad unos gastos simplemente enormes.

El uso del crédito como un recurso constante desvirtúa realmente el buen funcionamiento de esta opción  que puede darse perfectamente  y que responde a otros parámetros distintos; es decir responde a una necesidad puntual de financiación con un estudio claro de la necesidad, de los plazos, de los costes y del proceso de evolución.

CREDITOSUn crédito para pedir otro crédito para pedir…

En los años de bonanza económica realizábamos barbaridades en nuestra contra tales como aceptar engrosar los créditos hipotecarios introduciendo en ellos todo tipo de gastos añadidos, aquello parecía un mundo fantástico en el que de repente introducir un gasto de 60.000€ por la adquisición de un coche en la hipoteca disminuía  el coste de la operación en las cuotas mensuales y nos alcanzaba para comprar un mejor coche, eso sí, un coche que colocábamos a un proceso amortización de 15 o 20 años en el mejor de los casos y que, probablemente, mucho antes de haber amortizado y abonado una cantidad exagerada por el precio real ya ni siquiera se mantendría en uso o en cualquier caso tremendamente devaluado.

Puede que algún lector se escandalice o piense que estamos haciendo ficción, nada más lejos de la realidad, esta es una situación tremendamente extendida que nos da la medida real de cómo ha sido en general la relación del usuario con los productos crediticios, una relación basada en una escasa cultura financiera, de la que en absoluto somos culpables, pero también, en una despreocupación alarmante por las consecuencias de las decisiones, puede que fruto de lo anterior o fruto efectivamente de una banca que nos ofrecía el paraíso del crédito como un modelo de vida.

La realidad es evidentemente mucho menos agradable. Las reunificaciones o los créditos refinanciados no son buenas noticias, esto no significa que tengan que salir mal, pero si que parten de una perspectiva poco positiva; no hemos cumplido con nuestras expectativas a la hora de hacer frente al coste de esa financiación.

Generalmente el nivel de endeudamiento de la economía doméstica debiera ser el límite que nos marca hasta donde podemos asumir costes y deudas, se suele dar por buena la barrera del 40% de endeudamiento sobre los ingresos como un límite a partir del cual empezamos a correr mucho riesgo de sobreendeudamiento. Esto no es del todo cierto, obviamente una persona con unos ingresos de 1000 euros mensuales sobre pasar la barrera de las deudas ( que no de los gastos) por encima del 40% es un problema, para alguien que triplica esos ingresos y que controla sus gastos puede no serlo.

En cualquier caso, son este tipo de herramientas las que debieran medir qué podemos y qué no podemos hacer. La primera pelea de la economía doméstica siempre es tratar de estabilizar al máximo la relación entre costos e ingresos y huir del endeudamiento, ojo, el endeudamiento razonable durante determinados periodos de la vida es común y no tiene por qué ser alarmante, el problema es cuando se convierte en la tónica general y, en este caso, cuando el hecho de no ser capaces de asumir un crédito nos obliga a asumir una refinanciación para la que tal vez ya no estemos preparados.

Reunificar con mucho cuidado

Existen muchos modelos para plantearse una reunificación de deuda, en este caso una reunificación de créditos. Cuando vamos fuera del sistema bancario, es decir a las entidades de crédito no bancarias, nos encontramos con productos de reunificación que ya a una primera impresión apuntan a lo que son; unos créditos muy caros y con unas penalizaciones tremendas a la hora de responder ante un impago. Las entidades financieras por su parte, aún teniendo algunos productos (no muchos) específicos, lo que van a ofrecernos en todo caso es la posibilidad de reunificar alrededor de un producto concreto, es decir, dependiendo del nivel de deuda de los créditos, elegir una nueva opción que nos permita liquidar las anteriores y focalizar el coste en el nuevo préstamo. Claro está en este caso nos estamos refiriendo a los préstamos personales, préstamos al consumo, etc., ya que en el caso de las hipotecas debiéramos tener otras perspectivas.

Créditos sin avalReunificar alrededor de una hipoteca incluyendo en ella el resto de deuda crediticia ( aún vamos a encontrar hoy ofertas que nos lo proponen) puede ser una opción de último extremo, pero nos sitúa en un escenario como veíamos anteriormente complejo en el que tal vez esa solución a corto plazo sea problema mayor a largo plazo, en caso de elegir esta opción debemos hacerlo siempre desde la seguridad de ser capaces de responder a las cuotas, y, por supuesto, conociendo al detalle el producto y su respuesta ante nuestra demanda.

En general, probablemente, hoy por hoy la mejor opción, además de procurar no endeudarse a crédito, pasa por aprovechar las bonificaciones y ventajas que los productos bancarios financiación ofrecen a partir de los grados de vinculación con el usuario. Es cierto, es otra manera de vincular al usuario con la banca, pero, también es cierto que en este caso Tenemos mucho más fácil controlar realmente el tipo de producto, la bonificación que ofrece y los costes que puede llegar a suponer… y es que algo debemos haber aprendido de los últimos 10 años.

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