Bolsamania

Seis joyas olvidadas de los 80 a reivindicar (Parte II)

Cerramos nuestra media docena de reivindicaciones de joyas olvidadas de los maravillosos años 80 con tres dignas representantes del cine de la década:

Atmósfera Cero (1981): Correr el año tropocientos. Castle Rock se ha independizado de Edimburgo, Edimburgo se ha separado de Escocia y Escocia a hecho lo propio con Gran Bretaña. En un ambiente turística, Sean Connery sigue molando un huevo. De hecho lleva escopeta y tal, porque es policía, lo que le hace molar más. Después de que tres obreros muriesen de manera sospechosa en una mina de Júpiter, Connery es enviado a esclarecer las causas, pero lo que allí descubrirá es algo mucho más oscuro que incluso pondrá su vida en peligro. Todo ello no es motivo para que el intrépido policía abandone la misión, pero resulta suficiente razón para que nosotros reivindiquemos esta joya de los ochenta.

1

 

 

Este Muerto está muy Vivo (1989): Incomprensible que la gente recuerde “Memorias de África”, pero no “Este muerto está muy vivo”. Dos jóvenes y diligentes trabajadores de una agencia de seguros son invitados por su jefe (Bernie) a pasar el Día del Trabajo en su lujosa casa de playa como recompensa. Lo malo es que al llegar allí, se encuentran con que Bernie ha sido asesinado por un matón. Comienza de este modo una hilarante carrera por deshacerse del cuerpo para no ser acusados del delito. Lo que ocurre es que, mientras tanto tendrán que fingir que el hombre está vivo. en un buen puñado de desternillantes situaciones. Exigimos revisión de los Premios de la Academia para que Terry Kiser, el muerto del título se lleve su merecido Oscar a Actor de Reparto.

2

 

 

Los Dioses Deben Estar Locos (1980): Locos debemos estar nosotros por no recordar esta auténtica maravilla. Allá por 1980 llegaba esta película botswanesa que es algo así como 100 minutos seguidos partiéndose la caja. Así de sencillo. Cuando el piloto de un avión de combate deja caer una botella vacía de Coca Cola sobre un poblado bosquimano, los habitantes creen que se trata de un regalo de los dioses. La felicidad inicial se torna en disputas cuando todos desean ser dueños del hermoso objeto. El concepto de propiedad privada irrumpe con fuerza en la pequeña y pacífica sociedad, por lo que Xi (uno de ellos) decide coger la botella e iniciar un viaje hasta el borde del mundo para lanzarlo. Todo ello se entrelaza con la historia de un profesor blanco de un poblado cercano que es un absoluto pringado y con un grupo de revolucionarios que rondan la zona. El espectáculo está servido.

3

 

(Parte I)

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