Bolsamania

Crítica: “Warcraft”

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Nota: 5,5

“… Y con tanto ruido no se oyó el ruido del mar…”. Ya lo decía Sabina, y no es uno de esos tipos que den puntadas sin hilo. Casi podríamos apostar a que el bueno de Joaquín acababa de salir de la proyección de “Warcraft” cuando compuso su emblemática “Ruido”. Si no, la adaptación cinematográfica del famoso videojuego le habría venido al pelo como fuente inagotable de inspiración.

La cosa no tenía buena pinta. Desde el momento en el que se escuchó la claqueta final del rodaje de “Warcraft”, todas nuestras ilusiones comenzaban resentirse. Dos años de larga post-producción, sucesivos montajes y peleas entre los responsables hacían temer lo peor. Atrás quedaban los tiempos en los que todos creíamos que la cinta de Duncan Jones era la elegida para terminar con la mala prensa de las adaptaciones de videojuegos a la gran pantalla.

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Por mucho que la gente se empeñe en lo contrario, las cosas suelen ser lo que parecen. “Warcraft” parecía una película intrascendente, y una película intrascendente es. Seguramente nadie recordará que, una vez, alguien decidió que iba a nacer una saga cinematográfica de éxito basada el popular videojuego, pero tampoco se puede pasar por alto que las dos irrelevantes horas de metraje de “Warcraft” se consumen con pasmosa facilidad.

Mucho, mucho ruido. No solo ruido del que se escucha por los oídos, sino también del que se oye por los ojos. Un auténtico empalago para los sentidos es en lo que se convierte un filme que parece haberse dejado una parte de su alma en cada una de las fases de ese largo desarrollo vivido. El exceso de la apuesta digital hace que, por momentos, se nos generen dudas en cuanto a si realmente se puede calificar como una película de imagen real. Casi nos inclinamos por calificarla como un consolador cinematográfico que tiene su mayor muestra de audacia en la apuesta por un metraje de duración moderada.

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Efectivamente, “Warcraft” dista mucho de ser la pera. Pero como la vida es una cuestión de expectativas y la prensa extranjera se había empeñado en dejárnoslas por los suelos, lo cierto es que esta fantasía épica no nos parece tampoco un desastre. Casi diríamos que es un entretenimiento digno, lo que no es poco botín. En cualquier caso, clamamos por la liberación del talento inconmensurable de un Duncan Jones al que el mundo del blockbuster ha intentado secuestrar.

Héctor Fernández Cachón

@HectorFCachontwitter3

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