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Crítica: “El consejero”, de Ridley Scott

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Hubo un tiempo en que Ridley Scott parecía encaminado a convertirse en un John Huston del cine de finales de siglo. Compartía con él la versatilidad y la eficacia para adaptarse a diferentes géneros. Pero no. El director británico ha ido perdiendo fuelle poco a poco hasta no ser más que otro engranaje de la máquina hollywoodiense. Poco queda ya del autor que un día fue.

Algunos aficionados al cine esperamos desde hace tiempo a Scott con el cuchillo entre los dientes. ¿Razones? Varias. El cineasta ingles anotó un hat-trick legendario para iniciarse en el cine: Los duelistas, Alien y Blade Runner. Uno bueno y dos maradonianos, podríamos decir. Pero nunca ha vuelto a alcanzar el nivel de aquellos primeros partidos. Ni con Thelma & Louise, mediocre pero muy oportuna, ni con la entretenida pero artificiosa Gladiator. Y a medida que avanzaba su carrera nos regaló mediocridades del calibre de Los impostores. Y entonces llegó Prometheus, una de las mayores afrentas de la historia del cine, esa cinta que llevábamos esperando demasiados años, esa película que actuó como sepelio de las ilusiones de la adolescencia. ¿El cine (de Hollywood) ya no es lo que era? Sin duda, pero sobre todo, nosotros ya no somos los que éramos… Y Scott, menos.

Y ahí sigue el hombre. Con una segunda parte de Prometheus y Blade Runner entre manos y rodando Exodus en Almería con Christian Bale (a lo mejor suena la flauta…) Y mientras tanto, llega a la cartelera española El Consejero, un proyecto que partía con todos los ingredientes para el éxito. Un reparto formidable, al menos en lo que a fama se refiere: Michael Fassbender, Brad Pitt, Cameron Diaz, Javier Bardem, Penélope Cruz, Bruno Ganz, Rubén Blades, Rosie Perez… Pero sobre todo era la presencia de Cormac McCarthy la que aumentaba las expectativas.

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El veterano escritor norteamericano, famoso por sus novelas La carretera y No es país para viejos, adaptadas con bastante éxito al cine, se ponía por primera vez delante de la máquina de escribir para crear un guión exclusivo para el cine. Y debemos empezar por ahí. El Consejero es una película confusa, con una estructura narrativa ineficaz que impide al espectador acomodarse. Faltan puntos de referencia y sobran diálogos con ínfulas trascendentes.  Se podría decir que El Consejero es una acumulación de diálogos, demasiado inconexos en su mayoría.

¿Aburrida? No. El problema no es ese. Abordar el mundo del tráfico de drogas en la frontera entre México y Estados Unidos desde una óptica más reflexiva, con menos tiros y personajes tarantinianos es una buena idea. Al menos original en el cine actual, afectado por un exceso de velocidad. Cormac McCarthy apuesta por parar y hablar un poco, que nunca viene mal. El problema es que los personajes no quedan bien definidos a través de sus propias palabras, porque los diálogos son un tanto amanerados.

¿Qué pasa entonces? No sabemos muy bien de qué va la cosa y no empatizamos con ningún personaje, especialmente con su protagonista. Sabemos que es bueno con el cunnilingus. Un sofoco de Penélope Cruz al inicio de la historia da fe de ello. Al parecer, están enamorados. Pero su relación, apenas dibujada, carece de peso narrativo.

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¿Tráfico de drogas? ¿Amor? ¿Sexo? ¿Traición? ¿No te metas donde no debes? El Consejero pica un poco de aquí y de allá sin concretar nada. Y de repente, el bueno de Fassbender se pone a llorar a lágrima viva. Y no sentimos pena por él, porque no hemos entrado en la historia en ningún momento.

Sí, hay actores de prestigio. Bardem es un seguro, Cameron Diaz, muy perdida desde hace años, sorprende agradablemente. Por su parte, Brad Pitt, correcto en esta película, sigue con su metamorfosis brandoniana (alguien le debería decir algo al respecto, porque a veces hace el ridículo) y Fassbender tiene una dicción estupenda, algo poco común en el cine. Y también hay un buen trabajo de puesta en escena, creando atmósfera a través del diseño de producción y con la interesante banda sonora. Pero el guión y el montaje fallan. Y El Consejero termina convirtiéndose en otra decepción. Una decepción en este caso cuya responsabilidad debe ser compartida por Scott y McCarthy.

Lo Mejor: La atmósfera, Cameron Diaz, el ritmo pausado.

Lo Peor: La trama queda enterrada bajo una losa formada por una sucesión de diálogos inconexos, en general pedantes o absurdos, y algunas escenas surrealistas que sonrojan más que otra cosa. El collage de McCarthy no convence.

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