Bolsamania

Crítica de “Criadas y señoras”

A simple vista, esta película me recuerda a los primorosos pasteles que se ven en las reposterías: su aspecto ya es de por sí delicioso, pero es que a veces los paquetes que hacen para entregarlos son aun más adorables y terminas alabando el acabado como si hubiera surgido un nuevo dios terrenal. Y no, no me digáis que exagero, que Instagram, Tumblr y Flickr están llenas de fotos de comida que podría ganar un concurso de belleza. Bien, pues así es como veo “Criadas y señoras“, pero, ¿está tan rica como parece?

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La acción transcurre en la Mississippi de los años 6o. Eugenia “Skeeter” Phelan (Emma Stone) es una joven de familia adinerada que regresa de la universidad dispuesta a convertirse en escritora. Es un tanto especial y su mentalidad se niega a adaptarse a lo que la sociedad de entonces le exige: ella va un poco por delante pretendiendo ser independiente y apartándose de las masas, aunque no significa que rompa del todo con su vida, sino que intenta llevar un equilibrio entre, digamos, los dos bandos. Y es que ser una joven rebelde sin un dólar no es tan divertido.

En cualquier caso, la trama no se centra en ella, pero es importante conocer el carácter de este personaje a través de unas pinceladas rápidas. Eugenia no está conforme con el trato que reciben las mujeres “de color”. Casi todos los espectadores conocen la situación que vivió la raza negra en esa época en los estados sureños del país de la libertad: más o menos a cualquiera le suenan otros títulos del palo como “Arde Mississippi” o incluso la comedia “Adivina quién viene esta noche”, así que es fácil hacerse una idea de lo que trata “Criadas y señoras”: una chica blanca tiende la mano a las criadas negras. Luego volveré sobre este punto.

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Aparte de Skeeter, conocemos a otras mujeres de más o menos su edad con casa, familia y chachas negras. Tenemos a la antagonista, Hilly Holbrook (Bryce Dallas Howard) que enseguida cae mal por lo retorcida y malévola que es, a una simpatiquísima y chabacana Celia Foote (Jessica Chastain) que se mete en el bolsillo al espectador por su animada personalidad y su falta de prejuicios o a Elizabeth Leefolt (Ahna O’Reilly), que para bien o para mal, no tiene mucha iniciativa y es incapaz de pensar por sí misma. El retrato que se hace de estas mujeres me resulta un tanto indignante. A excepción de la salvadora, las demás parecen lobotomizadas, estúpidas y demasiado frívolas. Hay cierta lucidez paradójicamente en el personaje de Foote, pero no llega a desarrollarse del todo. Los matices son más bien escasos.

En cuanto a las criadas, tenemos algo más de variedad. Octavia Spencer está grande en su papel: ella es Minny, la que se caga en la tarta de su señora. Sí, resalto esto porque es lo que más destaca de su personaje. Es una lástima que una interpretación tan magnífica quede sepultada tras un personaje acartonado. Sin embargo, el de Viola Davis, a pesar de no hacer tantas tonterías, se toma más en serio a sí mismo, no intenta ser una caricatura (des)agradable.

criadas-y-señorasNo se le puede pedir mucho a la trama en estas condiciones, así que es fácil averiguar por dónde nos van a llevar: Skeeter tiene su “exclusiva” entrevistando a las negras, que están deseosas de contar, de explicar al mundo cuál es su situación y lo poco agradable que resulta servir en una casa ajena donde te tratan como a la peor mierda. El tema es duro y es horrible, pero es aun peor esta película que lo edulcora, lo hace tierno, lo vuelve blando, le quita miga. Quiere ser una película más sentimental que crítica y ése es el gran pecado que le veo a “Criadas y señoras”. El segundo es que sea la chica blanca la que mueve el culo por los derechos de los negros; siempre tiene que haber un blanco héroe que se cuelga el mérito.

En fin, en “Criadas y señoras” los clichés se cumplen uno por uno, es previsible, pero no por ello aburrida o mala. Como he dicho, es el perfecto pastel que se pone en un expositor y su sabor no decepciona, aunque tampoco trasciende tanto como para convertirse en LA tarta. Esta no es LA película sobre el racismo o la amistad. Es un producto bien envuelto y preparado (fotografía, música y vestuario muy bonitos, ¿eh? para pasearse por los festivales para recoger premios.

¿Que si me ha gustado? Sí, pero me ha dejado indiferente y creo que eso es de lo peor que se puede decir de una película. Tal vez el libro esté mejor. ¿Algún alucinero se lo ha leído y me lo confirma o es más de lo mismo? ¿Qué os ha parecido a vosotros?

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