Muchos se siguen preguntando cómo ha sido posible la victoria de Trump en Estados Unidos. Y el ascenso de Le Pen en Francia y de la extrema derecha en Suecia. Por no hablar de Salvini o de Orbán. ¿Qué tienen en común todos ellos? Principalmente, dos aspectos: la desconfianza -por usar un término suave- respecto a la inmigración y la popularidad que adquieren entre las clases populares. ¿Es que la izquierda no sabe cómo atajar el auge de la ultraderecha? ¿Es que no está en línea con las preocupaciones de las clases trabajadoras?

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se han multiplicado los españoles que ven en la inmigración un gran problema. A pesar de que la percepción no sea real (el famoso ‘efecto llamada’ no es tal; además, los ciudadanos creen que más del 20 % de la población es inmigrante, cuando en realidad el dato no supera el 9 %), los españoles han colocado a la inmigración como el quinto problema, por detrás del paro, la corrupción, los políticos y la economía.

¿La sociedad y la política se ha derechizado? Pocos somos los que, a día de hoy, dudamos de que Salvini sea un gran representante del fascismo. Sin embargo, Héctor Illueca, Manuel Monereo y Julio Anguita han escrito un artículo en Cuarto Poder titulado ‘¿Fascismo en Italia? Decreto dignidad’. Los autores, conocidos representantes de la izquierda, parecen querer blanquear al nuevo gobierno de Italia. En el texto exponen que es exagerado hablar de fascismo porque el decreto ley elaborado y aprobado por M5E y la Liga Norte defiende a las clases trabajadoras italianas y es un cambio de rumbo respecto a las políticas neoliberales que tanto daño han hecho a los sectores más desfavorecidos en el sur de Europa.

En Alemania, la extrema derecha también crece, desbordando a conservadores y progresistas. Como explican desde Agenda Pública, “desde el nacimiento de AfD [los ultras], la izquierda alemana ha evitado competir directamente en aquellos temas donde aquella es especialmente fuerte, como inmigración o seguridad. Por lo general, tanto los socialdemócratas del SPD como los verdes y la extrema izquierda de Die Linke han defendido una política generosa y aperturista tanto con la inmigración en general como con los refugiados en particular, si bien a veces han optado por no presentar batalla ante el temor de verse obligados a competir en un asunto donde se sienten ampliamente incómodos”.

En Francia o en Alemania comienzan a reaccionar los partidos situados en el arco político que va desde el centro hasta la izquierda. Jean-Luc Mélenchon ha comenzado a hacer una distinción entre los trabajadores locales y los extranjeros, insistiendo en que la inmigración ilegal es un instrumento en manos del capitalismo.

En Alemania este debate comienza a florecer en el seno del progresismo. En Die Linke, la formación más a la izquierda, la diputada Sahra Wagenknecht ha presentado recientemente la plataforma Aufstehen (‘En Pie’), que pretende aglutinar a miembros de diferentes partidos progresistas, desde sus propios compañeros de Die Linke hasta los socialdemócratas del SPD y Los Verdes. Su propósito es recuperar a esos votantes que se han ido a la AfD o se quedan en casa en las elecciones mediante la defensa del trabajador autóctono. Consideran que los asalariados y los obreros están viendo cómo su situación laboral y económica se ha degradado y tienen miedo del futuro que les depara, al mismo tiempo que ven su identidad amenazada por el crecimiento de la inmigración.

Entre las medidas que propone esta plataforma, además de las tradicionales recetas socialdemócratas (subir impuestos a los ricos, fortalecer el Estado de Bienestar, subir los salarios, etc.), se encuentra algo que era un tabú en la izquierda germana: utilizar el nacionalismo y regular la inmigración. El documento no niega de entrada una solidaridad distributiva con el inmigrante o el refugiado, pero sí lo condiciona -indirectamente- a cierto mantenimiento de la cohesión social y el statu quo actual.

La inmigración no es un problema real en España. El flujo migratorio a países de la OCDE se ha reducido en un 5 % por primera vez desde 2011. En nuestro país no estamos desbordados ni nos están invadiendo, por mucho que algunos irresponsables se empeñen en ello. ¿Se ha quedado la izquierda huérfana de ideas, tanto como para empezar a copiar a la extrema derecha? Quizá tengan que entrar en la batalla de la inmigración para frenar a la ultraderecha, pero sin olvidar valores como la solidaridad o algo tan fundamental como los Derechos Humanos. ¿O es que eso es imposible?

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Una Respuesta

  1. rafael

    Hay que tener cuidado con las estadísticas, algo muy bien gobernado por políticos y quien quiere hacer ver lo blanco negro o lo negro blanco.
    Un 10% de inmigrantes, son un 10% menos de mano de obra en un país, si consideramos que la mitad de la población trabaja y la otra mitad solo gasta, un 10% de inmigrantes, es un 20% de la población activa.
    Los emigrantes aun con estudios realizados en sus países, su nivel de preparación no está a la altura necesaria para desarrollar trabajos especializados en nuestros países, lo que afecta directamente a la población menos preparada de nuestro país, la de menos recursos y la más frágil.
    Desde el punto de vista laboral, un 10% de inmigración es una exageración insoportable para cualquier país incluso como Estados Unidos.
    Desde el punto de vista social, un 10% de una ciudad, que no se integra por falta de asistencia (no voy a poner la culpa en el grupo inmigrante – aunque la tienen toda -) es un problema para el desarrollo social. Ejemplo: en una clase de 30 niños que tres no sepan leer… ni escribir… que tres sepan hacer la división solo al revés… que conozcan solo las matemáticas y fracciones clásicas y no las actuales… que la raíz idiomática no sea el greco/latín… que la escala de valores ético/morales no se asemeja a la del país… las dificultades para el profesorado de acumulan y lo estudiantes restantes sufren la consecuencias y como la segregación de los emigrante no es éticamente viables… el resultado es nefasto para la futura sociedad.
    Se suele decir que Estados Unidos es un Pais de emigrante y es cierto, solo que en aquellos tiempo, ni los emigrantes ni los nativos estaban tan desfasados técnica o culturalmente, el arado era igual, el pico y la pala idéntico, los bailes eran distintos, las lenguas y costumbres también, pero no existía una generalizada, aceptada, establecida como es ahora. Las diferencias hoy son muy distintas.
    La izquierda esta desesperada por salvar su ideología, decadente, absurda, inviable y extremadamente dañina para la sociedad, pero tiene la ventaja que resulta muy fácil para unos pocos ganar mucho dinero y poder simplemente engañando a la parte mas ingenua y débil de la sociedad y una inmigración facilita y asegura mantener a la sociedad en su estado de ignorancia y esperanza en mano de políticos sin escrupulos.

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