Inusuales primeras semanas para Pedro Sánchez y su equipo. Gran parte de sus iniciativas, como la acogida de los inmigrantes del Aquarius, el proceso para sacar a Franco del Valle de los Caídos, la eliminación de las concertinas en Ceuta y Melilla o la derogación del impuesto al sol, han sido bien recibidas por los sectores progresistas de la sociedad. Estos aires optimisatas han llevado al PSOE a liderar las encuestas electorales, tan solo quince días después de haber llegado al poder. Desde la exitosa moción de censura a Mariano Rajoy, Sánchez cuenta sus movimientos por éxitos, al menos mediáticos. Hasta algo vergonzoso para cualquier Ejecutivo como la dimisión de un ministro ha sido aireado como un proceso de renovación política. Pero las buenas noticias tienen la mecha muy corta y las malas pueden estallar en cualquier momento.

El Gobierno ha mostrado su lado más humano acogiendo a los inmigrantes del Aquarius. Sánchez ha marcado el camino a los países europeos, que tienen que enfrentarse al neofascismo de Salvini y su tropa. No es solo la acogida de estas más de 600 personas, también es la intención de querer eliminar las concertinas en la frontera con Ceuta y Melilla o la intención de revisar la Ley de Extranjería. Pero es precisamente la inmigración irregular uno de los problemas a los que quizá tenga que prestar especial atención Sánchez a corto plazo. Una inmigración irregular impulsada por un socio y vecino de España: Marruecos.

Un socio incómodo

Ignacio Cembrero escribe en El Confidencial que la inmigración irregular llegada a nuestras costas “no para de aumentar estos últimos años, pero aun así las autoridades de Marruecos consideran que, de vez en cuando, deben dar un aldabonazo para recordar a su vecino del norte (…) que ese poderoso instrumento está en sus manos”.

Las fuentes consultadas por el periodista explican que la llegada de 933 inmigrantes marroquíes desembarcados en Andalucía la semana pasada es una medida de presión para recordar al Gobierno socialista “cuáles son las reglas de juego” y que no debe dar “por sentada la colaboración marroquí sin ofrecer algo a cambio”.

¿Y qué podría querer a cambio Marruecos? El apoyo de Sánchez en la negociación con Bruselas sobre el acuerdo de pesca, vigente hasta el próximo 14 de julio. En Analytiks hablamos hace un año sobre la relación entre ambos países. España es el principal país beneficiario de la UE del acuerdo de pesca entre esta y Marruecos, el primer destino de los migrantes irregulares que zarpan desde las costas marroquíes y un gran aliado en materia antiterrorista, especialmente en Ceuta y Melilla.

Rabat quiere que el nuevo acuerdo reconozca de alguna manera su jurisdicción sobre el Sáhara Occidental y sus aguas. España y Francia apoyaron en el Tribunal de Justicia de la UE a Marruecos, aunque dos sentencias ya se han pronunciado en contra de los intereses del país norteafricano. Este organismo consideró que el tratado pesquero no podía ser aplicado a las aguas adyacentes al Sáhara Occidental porque supondría una violación del principio de libre determinación recogido en el Derecho Internacional. “Quizá la reactivación de la inmigración sea una forma de recordarles que deben seguir apoyándoles en esta delicada negociación”, explica Cembrero.

Podemos, con la causa saharaui

Y aquí viene el primer gran escollo moral de Sánchez. ¿Cómo verán el resto de formaciones políticas -pensemos en Podemos- que el PSOE dé la espalda al Frente Polisario? Quizá, incluso más que darles la espalda, tengan que ir en su contra. El movimiento de liberación nacional del Sáhara Occidental, que trabaja para acabar con la ocupación de Marruecos y conseguir la autodeterminación del pueblo saharaui, siempre ha sido un símbolo de la lucha de la izquierda.

El Grupo Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea pidió a finales de marzo la comparecencia en el Senado de la entonces ministra de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, para que explicase la posición del Gobierno y solicitó que España defendiese el cumplimiento de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE, contrario a los intereses de la monarquía norteafricana.

Vanessa Angustia, senadora de En Marea y portavoz adjunta segunda del grupo parlamentario Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea, pidió “proteger la presencia de flota española, y especialmente gallega, que faena en las aguas africanas” y no ignorar “irresponsablemente el histórico conflicto que supone la ocupación, por parte de Marruecos, de los territorios del Sáhara Occidental, ya que estaría respaldando la vulneración de la soberanía y los derechos humanos del pueblo saharaui”.

La decisión, inédita en España, de que el Ejecutivo socialista no tenga ningún ministro diputado ha precipitado la llegada al Congreso de Mohamed Chaib, quien ocupará el escaño dejado por Meritxell Batet, ministra de Política Territorial y Función Pública. Chaib, según publica la web porunsaharalibre.org, cuyo objetivo es divulgar y dar a conocer la situación los saharauis, es una persona bastante cercana a Mohamed VI, el rey de Marruecos, y ha mantenido importantes enfrentamientos con el colectivo saharaui. En diputado socialista es militante en el PSC desde 1995 y llegó a España con 4 años.

Sánchez va a tener que hacer malabares diplomáticos y establecer diálogos si quiere conseguir una solución a este conflicto para contentar a todos. Parece difícil. Por el momento, Sánchez no va a continuar con la tradición de todos los recién nombrados presidentes, que, desde Felipe González, eligen Marruecos como primera visita oficial en el extranjero.

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