Las mujeres lleváis toda la vida luchando, ganando pequeñas batallas. Los relatos históricos, en la mayoría de ocasiones, suelen presentar los avances sociales conseguidos por vosotras como una simple consecuencia del progreso, algo que tarde o temprano ocurriría, como los cambios estacionales. Pero no. Si habéis conseguido algo es porque lo habéis peleado.

En pleno 2018 aún os quedan muchas batallas por delante. Olympique de Gouges, heroína de la Revolución Francesa, redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1971, parafraseando a la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), el texto fundamental de dicho conflicto social y político. Uno de los artículos dice así: “La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer solo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone. Estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón”.

Más de dos siglos después de haber sido escritas, estas palabras continúan vigentes. De Gouges fue una gran revolucionaria feminista. Acabó siendo guillotinada, pero durante su vida defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, tanto en el derecho a voto, como en el acceso al trabajo o incluso a formar parte del ejército.

El polvo del olvido ha cubierto su nombre en los libros con los que muchas de vosotras y yo estudiamos en el colegio. Ni rastro en mi mente de Olympe de Gouges. Ni rastro de ninguna mujer que haya luchado por vuestros derechos. ¿Tan poco importante era aprender esto para nosotros? Y en Internet, cualquier personaje varón de la Revolución Francesa cuenta con millones de entradas, mientras que De Gouges no llega ni a las 200.000.

Las mujeres trabajadoras habéis sufrido siempre una doble discriminación. Por ser mujeres y por formar parte del proletariado. Flora Tristán, una gran pensadora socialista y fundadora del feminismo moderno, una mujer que creció en situación de pobreza y que sufrió malos tratos por parte de su marido, publicó en 1982 La Unión Obrera, un texto donde denuncia la situación de mujeres trabajadoras: “La mujer es la proletaria del proletariado (…) hasta el más oprimido de los hombres quiere oprimir a otro ser: su mujer”. En el documento, como se puede ver, señala que los prejuicios están presentes entre la clase obrera, estamento al que se ha filtrado la idea de inferioridad de la mujer.

Las mujeres habéis sido silenciadas desde siempre. Se os ha marginado en los libros de texto, los cimientos de la educación de millones de jóvenes de nuestra generación, y os han mantenido ocultas en casa para silenciar el problema. “La nueva mujer”, como dicen Sonsoles Cabo y Laura Maldonado, de la Universidad de Salamanca, “la mujer con derechos, se ha hecho presente precisamente al salir a trabajar fuera de casa y al llegar a exigir lo que a una le corresponde sin sentirse mal por ello, en definitiva, ser personas independientes que actúan en consecuencia. Pero en estos momentos en los que la estrategia de ridiculización no se considera políticamente correcta, algunos tienden a adoptar la estrategia del silencio. Se oculta no solo lo que tiene que ver con el feminismo sino lo que tiene que ver con las mujeres, sus derechos y sus organizaciones”.

Ya os han silenciado bastante. Han sido muchos años –siglos– de ostracismo. Que este 8 de marzo sirva como punto de partida para construir una sociedad mejor. Luchad, salid a la calle y que os oigan. Estáis ahí reclamando lo que es vuestro. Sentid el apoyo de muchos de nosotros, y que no os digan, como el de la viñeta de El Roto que ilustra este texto, que tengáis “paciencia” y que “las cosas están mejorando, solo es cuestión de siglos”. Es vuestro momento. Dad ejemplo a vuestras compañeras y a las que vienen detrás.

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