Las grandes cadenas de distribución alimentaria hacen cada vez más hueco en sus lineales a los productos ecológicos. Y no hablamos solo de verduras. La irrupción de este fenómeno ha supuesto la popularización de bienes como la harina de lentejas, las hamburguesas de seitán, el tofu, la soja, las bebidas vegetales, etc., y han despertado la conciencia medioambiental y animal de parte de la ciudadanía, también preocupada por su salud. El programa que realizó Jordi Évole el domingo 4 de febrero puso el foco en las prácticas de la industria cárnica y provocó cierta histeria colectiva al desvelar el trato que se le dan a algunos cerdos en las granjas de explotación animal.

El programa de La Sexta, que provocó una crisis de marca a El Pozo, anunciante de la propia cadena, inmediatamente tuvo repercusión en los diarios españoles desde el final de su emisión. Unos defendían a Évole por su proeza, otros criticaban a la industria cárnica por poner en nuestra mesa productos hechos con animales criados en condiciones insalubres, algunos se sorprendían ante la ignorancia mostrada por la gente ante este tema y había quienes dijeron que todo el programa era una manipulación. También los hubo que vieron la sombra del procés pulular por esta grabación, ya que la granja a la que se hace mención está ubicada en Murcia y no se dice nada del sector cárnico catalán, de mayores dimensiones. Pero no nos detendremos aquí.

“Si una persona con un mínimo de sensibilidad viera cómo se manejan los animales, cómo se aturden o cómo sangran, aun suponiendo que todo sea legal, ¡te sorprendería! Te aseguro que no lo ibas a olvidar”, le explicó al conductor de Salvados Alfonso Sonovilla, veterinario e inspector de sanidad. La industria tiene que cambiar y acoplarse a las demandas de los consumidores y no al revés: pues no todo el mundo tiene la capacidad adquisitiva para comprar productos ecológicos. Lo ecológico tiene que democratizarse y filtrarse a todas las capas sociales.

Porque el dinero no es una cuestión baladí en un país donde, según la Encuesta Anual de Estructura Salarial de 2015, el sueldo neto mensual más habitual es inferior a los mil euros. Un alimento ecológico puede ser hasta un 70 % más caro que su homónimo tradicional, y la cesta de la compra ecológica puede significar para el cliente el gasto de casi el doble que si la rellenase con productos habituales.

Ecológico contra lo tradicional

Évole habló en el programa con dos jóvenes que pusieron en marcha una granja de producción ecológica en Cataluña. Se lanzaron con esta iniciativa porque no entendían que en esta región no hubiese producción de cerdo ecológico. “Después de tres años lo entendemos: porque cuesta muchísimo. Es un salto muy importante en cuanto a sistema de trabajo, ritmo productivo y a una serie de factores que hace que sea muy diferente una producción de la otra (…) El problema luego viene cuando nos preguntan por el precio. Se alarman porque es mucho más caro que el cerdo normal, pero no es que sea mucho más caro, aquí hay dos cosas que deben ser tenidas en cuenta: que el nuestro cuesta mucho más producirlo y que el otro es mucho más barato. Nos tenemos que plantear por qué”, comenta la propietaria.

En la Cadena Ser, a través de las opiniones de varios veterinarios, han explicado cuáles son las cuatro grandes diferencias entre cómo vive un cerdo de granja y uno ecológico. Para empezar, la alimentación. La mayoría de los cerdos de capa blanca se alimentan de piensos compuestos en un 70 % por cereales como el trigo, pero son muy energéticos y los animales pueden acceder a ellos permanentemente, por lo que les hace engordar en muy poco tiempo. La alimentación en el caso de los cerdos ecológicos es muy parecida, con la condición de que los cereales ingeridos proceden de cultivos libres de transgénicos (aquellos que en su composición incluyen algún ingrediente procedente de un organismo al que, mediante técnicas genéticas, se le han incorporado genes de otras especies; esta práctica es habitualmente criticada porque incrementan el uso de tóxicos en la agricultura y porque, dicen sus detractores, los riesgos sanitarios no están evaluados) y en los que no se hayan utilizado pesticidas y otros productos químicos vetados por la norma. Además, deben tener acceso a forrajes frescos que faciliten su digestión. Tanto en un caso como en otro, la alimentación con hormonas para acelerar el crecimiento está totalmente prohibida.

En segundo lugar, el espacio vital. El espacio mínimo para los cerdos de las granjas de ganadería intensiva es de 0,65 m2 por animal, pero el caso es muy distinto en el de la granja ecológica, donde cada animal debe contar con una zona cubierta de, al menos, 1,5 m2 y acceso a un área exterior de 1,2 m2. Además del espacio mínimo por animal, las explotaciones ecológicas deben contar con grandes extensiones de pasto para garantizar el control del impacto medioambiental de los residuos (715 m2 de pasto por cabeza).

En tercer lugar, el tratamiento veterinario. Uno de los veterinarios con los que ha hablado la Cadena Ser, Antonio Vela Bello, reivindica que los tratamientos que reciben los cerdos garantizan la seguridad alimentaria y que no todo lo que se da son antibióticos, también pueden recibir analgésicos o antipiréticos. Otro experto, Álvaro Fernández-Blanco, señala que aún existen granjas convencionales en las que a la alimentación de estos animales se le añade, casi por defecto y de manera preventiva, altas dosis de un antibiótico llamado colistina, mientras que en el caso de los cerdos ecológicos se recurre preferentemente a tratamientos “no residuales” como la fitoterapia (uso de plantas medicinales) o la homeopatía (un sistema de medicina alternativa duramente criticado por amplios sectores de la medicina tradicional), y solo en casos puntuales a fármacos convencionales para los que hay establecidos un tiempo de espera que se duplica al mínimo previsto por la ley para los animales criados en intensivo.

En cuarto y último lugar, el tiempo de vida. Un cerdo criado en una granja tradicional pasa alimentándose de su madre entre 21 y 25 días, mientras que en el caso contrario asciende a 41. A la hora de sacrificar a los animales, los criados en régimen intensivo alcanzan su peso óptimo antes, entre los ocho y los diez meses de vida, mientras que los criados bajo la normativa ecológica, que se suelen llevar al matadero con menos peso, lo hacen con doce o catorce meses de vida.

El futuro

La industria tradicional no va a modificar su forma de trabajar siempre que la ley ampare a las empresas que articulan este sector o mire para otro lado (hay granjas que no recuerdan haber recibido una inspección en años, se recordó en ‘Salvados’). Tampoco lo hará si los resultados siguen en positivo y al alza. Sin embargo, el Centro de Investigación y Formación Agraria (CIFA) desmiente que la ganadería ecológica sea más costosa y menos rentable. Según su estudio, esta actividad genera más empleo, hace que se ingrese más dinero y causa un menor impacto en el medio ambiente.

Quizá en España tengamos el problema de que la ganadería ecológica no está muy arraigada. A pesar de ser el país de la Unión Europea con mayor número de hectáreas dedicadas a los cultivos orgánicos, con casi dos millones en total, solo el 6 % pertenece a la ganadería (el 86,4 % pertenece a la agricultura y el 7,6 % restante combina ambas actividades).

El consumo interno de productos ecológicos ha crecido en los últimos años, pero España es principalmente un país exportador: el presidente de Ecovalia, Álvaro Barrera, explicó que en 2017 las exportaciones suponían el 80 % de lo producido. Aunque en Europa somos líderes en cuanto a superficie destinada al cultivo de producción ecológica, los países que más productos ecológicos consumen son Alemania, Francia y Reino Unido, según el informe Organic in Europe. Prospects and Development 2016, elaborado por IFOAM EU Group.

Lo ecológico se abre paso. Los primeros productos que inician un nuevo camino siempre son más caros de producir (lo estamos viendo con los vehículos eléctricos), pero en cuanto más empresas se sumen a esta forma de ver el mundo y tengan una mayor demanda, los productores rebajarán sus precios y estos serán asequibles a un público mayor. Por nosotros, por los animales y por el medio ambiente.

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