Por José Manuel Vassallo, catedrático de Economía del Transporte. Universidad Politécnica de Madrid

Este artículo es la continuación de ‘El vehículo autónomo (III): impactos en el territorio y la ciudad’

La generalización del vehículo autónomo dará lugar previsiblemente a un menor número de accidentes cuya causa principal a día de hoy es el factor humano. No obstante, se pasará de un entorno de muchos accidentes con daños menores, a un nuevo entorno de pocos accidentes con daños importantes como ocurre en el transporte aéreo y ferroviario.

Las compañías aseguradoras ofrecerán seguros más económicos en la medida en que los vehículos dispongan de mejores dispositivos de seguridad. Asimismo el vehículo autónomo reducirá muy considerablemente la responsabilidad del ocupante del vehículo a diferencia de lo que ocurre en la actualidad.

De hecho, la responsabilidad civil es uno de los aspectos críticos en el desarrollo del vehículo autónomo, ya que se trasladará mayoritariamente de los conductores a los fabricantes de vehículos, lo que puede tener una importante repercusión en el funcionamiento del mercado de seguros. Marchant and Lindor (2012) señalan que uno de los principales obstáculos para que el vehículo autónomo se generalice es el hecho de que los fabricantes se puedan ver sometidos a importantes compensaciones por responsabilidad civil.

Los principios tradicionales de responsabilidad en caso de accidente establecen que alguien es civilmente responsable de los daños causados en la medida en que éstos se deriven de una negligencia de su parte. La idea es que la parte negligente debe resarcir los daños por no prevenir razonablemente el riesgo. No obstante, la caracterización de la razonabilidad es algo tremendamente complicado. Hasta ahora el sistema de responsabilidad negligente ha sido gestionado adecuadamente debido al sistema de seguros obligatorios en la medida en que las compañías de seguros han acordado reglas informales para asignar la responsabilidad, facilitando la rápida gestión de los incidentes y reduciendo la litigiosidad.

En caso de que se produzca una colisión, el demandado será en la mayoría de los casos el fabricante del vehículo. El problema es que la legislación sobre la responsabilidad del producto es mucho más compleja que la gestión de los seguros. Uno de los temas a

resolver en este sentido es el diseño de mecanismos que compensen a las víctimas de manera suficientemente rápida. El hecho de que la responsabilidad civil se derive al fabricante del vehículo puede llevar a que se retrase la adopción de determinadas tecnologías hasta que éstas hayan sido razonablemente probadas.

Las regulaciones y los estándares jugarán también un papel muy importante en el ámbito de la responsabilidad civil, ya que la no adopción por parte de un fabricante de los estándares admitidos será un argumento para acentuar su responsabilidad en caso de que se produzcan accidentes.

Reflexiones finales

Como se ha podido observar en este artículo, el vehículo autónomo supone una innovación que va mucho más allá de la evolución tecnológica, afectando directamente a la economía, el territorio y la sociedad. Las consecuencias de su implantación son tremendamente prometedoras a la vez que inciertas. Abiertos quedan interrogantes clave cómo el impacto que tendrá el vehículo autónomo en el consumo de energía, el empleo y la ordenación del territorio; así como la manera en que las personas asumirán el cambio. Para limitar estas incertidumbres es clave seguir profundizando en el conocimiento de los impactos que dicha innovación puede tener en el futuro.

Al margen de estos interrogantes, es cierto que de un modo o de otro, antes o después, se van a producir importantes cambios que es necesario anticipar. En la medida en que se esté mejor preparado, se podrán acometer mejor los nuevos retos. El vehículo autónomo abre innumerables oportunidades profesionales en el ámbito de la ingeniería civil –especialmente en lo que se refiere al equipamiento de la infraestructura, y a la planificación y coordinación de la movilidad– que no pueden ser desestimados.

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