ENTREVISTA A DANIEL LACALLE

Economista

El economista Daniel Lacalle comenzó su carrera profesional en dos de las principales empresas del Ibex 35 dedicadas al sector de la energía, para pasar después a las finanzas y la comunicación corporativa. Con una trayectoria ya consolidada y exitosa en España, se le presentó la oportunidad de ‘mudarse’ a la City londinense y decidió afrontar el reto, una decisión de la que se muestra muy satisfecho. Allí ha trabajado en banca de inversión –ABN Amro– y con varios fondos –especializados en eléctricas y renovables–, incluido uno de los mayores hedge funds del mundo, además de comenzar a escribir, a opinar en los medios y a analizar el entorno macroeconómico desde una perspectiva crítica. Forma parte del claustro de profesores del Instituto de Empresa, del Instituto de Estudios Bursátiles y de la London School of Economics.

-La economía española ha llevado muy bien la falta de Gobierno, un hecho que parece dar la razón a aquellos que defienden una mínima intervención desde las instituciones…

-Sin embargo, el argumento de que la economía ha ido muy bien y se ha creado empleo con un Ejecutivo en funciones tiene algo de falaz porque se ha partido de un viento de cola y de una inercia muy relevantes. Y, además, lo ocurrido no debería analizarse desde la perspectiva de las cosas que han ido bien, sino desde la de las que podrían ir mejor. Por ejemplo, la creación de puestos de trabajo en estos momentos es significativa pero podríamos estar generando muchos más. Existen decisiones de inversión y de contratación de los agentes económicos que, ante la inexistencia de Gobierno, se ralentizan porque se teme que las reformas que se han llevado a cabo en el pasado, el sistema impositivo y el propio marco laboral cambien.

“Trump es un reflejo de los populismos de izquierda y de derecha que están surgiendo en Europa y que atribuyen al proteccionismo y al intervencionismo la cualidad mágica de mejorar y proteger el empleo en sus países, algo que es rotundamente falso”

-Tras más de tres años de negociación, el TTIP estaba levantado ampollas en algunos países europeos. El resultado de las elecciones norteamericanas lo ha eliminado de la agenda política. Usted ha defendido que se firmara…

-Los que están en contra del TTIP y de otros tratados comerciales son fundamentalmente los defensores del proteccionismo y el intervencionismo. Solamente desde visiones como ésas se pueden rechazar estos acuerdos cuando no existe ningún ejemplo de alguno de ellos que haya generado resultados negativos para los países que lo han firmado. Nunca ha sucedido. En el 100 % de los casos han mejorado el PIB global, el PIB per capita, la actividad económica… de los estados involucrados. Aquellos que dicen que actúan contra la democracia están llamando democracia a la potestad de los gobiernos en determinados momentos de cambiar las reglas del juego. Apoyan, pues, la intromisión política. En cambio, el intervencionismo ha ocasionado pobreza y ha lastrado el crecimiento, hay evidencias de ello. En el caso de España, que es más o menos el 1 % del PIB mundial, intentar poner barreras al comercio internacional supone que nuestras exportaciones sufran y pretender gravar con aranceles los productos que entran y, al tiempo, querer aumentar las exportaciones, es un delirio.

La tendencia, tanto en la política norteamericana como en la europea, está clara: apostar por el proteccionismo. Donald Trump no deja de ser un reflejo de los populismos de izquierda y de derecha que están surgiendo en Europa y que atribuyen al proteccionismo y al intervencionismo la cualidad mágica de mejorar y proteger el empleo en sus países, algo que es rotundamente falso. No es a las multinacionales, sino a las pymes, a las que un tratado de libre comercio ayuda más porque no tienen las baterías de abogados y consultores de las primeras para gestionar las dificultades burocráticas de los países en los que quieren instalarse.

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-¿Cómo está afectando el Brexit a la UE y al Reino Unido? La desconexión británica parece ir más lenta de lo esperado. ¿Qué lecciones podemos obtener de él?

-La primera lección del Brexit es que las clases políticas están muy despegadas de la realidad y de los ciudadanos. Por eso ha sido un shock, porque no se perciben las preocupaciones de la población y se pensaba que el referéndum estaba ganado de antemano. La segunda es, a mi juicio, que el punto de partida de la construcción de la Unión Europea se antoja como algo inamovible e intocable y hay muchas personas que no están de acuerdo. Para mí, la inmigración no ha sido la clave que ha dado la victoria a la salida del Reino Unido de la UE, porque allí no es un problema, es una nación de inmigrantes que los acoge muy bien. Se trata, en cambio, de tener la soberanía como país a la hora de controlar algo que es parte de la gestión de tu demografía y de tu economía. No entiendo por qué la UE ha de arrogarse la potestad de decidir sobre una serie de particulares que no tienen nada que ver con una unión de estados con redes de solidaridad y apoyo, como debería ser, sino que ha derivado hacia lo que yo llamo una politburización, con un órgano único, cuando muchos no quieren una unión política.

-Es hacia lo que nos han llevado diferentes tratados…

-Y algo que nunca ha querido el Reino Unido, pero que también ha sido un problema para Holanda, Finlandia… La Unión Europea es fácilmente divisible en dos tipos de países: aquellos donde se parte de la base de la omnipresencia de un estado interventor y vertebrador y los que están orientados a la iniciativa individual y privada. Son dos modelos que chocan constantemente. Me gustaría saber en qué parte de los tratados aparece la obligatoriedad de tener que aceptar un modelo político hecho a imagen y semejanza del dirigismo francés. ¿Por qué tiene que aceptar eso el Reino Unido, España o cualquier otro país? La unión política no debe serlo en cuanto a un modelo de vertebración del Estado, sino en cuanto a objetivos generales, que es lo que ocurre en Estados Unidos. Para todo lo demás, los estados tendrían que ser soberanos y no rescatarse unos a otros. En la Unión Europea se está tragando con un modelo político muy específico que es el galo y que no es de éxito, ya que Francia lleva más de dos décadas con estancamiento, sin olvidar que es la nación que más veces ha incumplido el objetivo de déficit después de Grecia y tiene un endeudamiento enorme, mayor que el de España, como mayores son sus desequilibrios. Podría entender que se imitara un modelo de éxito pero no uno de estancamiento.

“El Brexit ya dejó claro que las clases políticas están muy despegadas de la realidad y de los ciudadanos”

-¿Debería revisar España su fiscalidad para atraer inversiones tras el Brexit?

-Nuestro país tiene todos los ingredientes para hacer un plato delicioso, solo ha de evitar ponerle demasiada sal y demasiada pimienta que es, por otro lado, el riesgo de todas las capitales europeas: introducir una serie de medidas que las hagan no más sino menos atractivas. Y es un tema urgente. España no puede tener una fiscalidad que entorpezca la actividad económica. Desde una fiscalidad confiscatoria ni se reduce el déficit, ni se mejoran las cuentas públicas, ni se acaba con la pobreza, ni se crea empleo. Los modelos que están funcionando en todo el mundo son aquellos en los que la fiscalidad no entorpece, es decir, que cuando el cliente es rehén, no se le pueden añadir nuevas tasas. Hay que ser justos y la justicia no la puede dictar una clase política que se beneficia solo de los ingresos o un grupo de parlamentarios que siempre querrá gastar más, sino la realidad económica. Nuestros principales elementos de fortaleza son las infraestructuras, el idioma y tanto la fiscalidad como el alto índice de libertad económica que hay en la Comunidad de Madrid.

“Me gustaría saber en qué parte de los tratados de la Unión Europea aparece la obligatoriedad de tener que aceptar un modelo político hecho a imagen y semejanza del dirigismo francés”

-¿Contribuiría a mejorar la competitividad de España un modelo económico unificado en todo el Estado?

-Depende de si unificar significa apostar por un modelo u otro. La razón por la que detesto la palabra armonizar es porque siempre implica una subida de impuestos. No se está planteando que las comunidades autónomas con enormes desequilibrios, alto paro, precariedad y pobreza, tengan un modelo fiscal y de atracción de empresas como el de Madrid o País Vasco. Lo que se está intentando es asaltar ese modelo para equipararlo al de las renqueantes y eso no vale. Soy un gran defensor de la competencia fiscal, que funciona muy bien en Estados Unidos. Nadie critica que en Nevada los impuestos sean mucho más bajos que en Illinois o que en Texas las facilidades para crear una empresa sean mayores que en Alabama. Si eliminamos la competencia fiscal, la política se encamina hacia la confiscación. Hasta ahora, introducir elementos de la mal llamada armonización ha supuesto subir impuestos donde estaban más bajos.

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-Afirma que la economía china está enferma por exceso de estímulos. ¿Se ha contagiado ya el resto del planeta?

-El crack chino se está dando, pero si pensamos en algo como lo que sucedió en Grecia estamos errados. No es algo tan rápido ni tan evidente. Está clara la ralentización y lo que se conoce como hard landing o aterrizaje duro. Su economía ha aumentado su endeudamiento en los primeros seis meses de 2016 un 35 % del PIB para generar un crecimiento de menos del 6 %. Eso lo dice todo. Lo que ocurre en China va a suponer un grave problema a todas aquellas economías que se han orientado hacia el modelo de planes de estímulo y hacia el desarrollo de una capacidad para atender una gran demanda, precisamente la china, que no va a llegar. Siempre digo que los países emergentes nunca emergen. Son los mismos que cuando yo era pequeño. Y la razón no es el mercado. Es porque son modelos de boom and bust: una década de expansión agresiva vía desequilibrios pero a continuación otra década para digerir la borrachera. Todos los errores de las economías emergentes vienen de lejos: multiplican la deuda, aumentan los desequilibrios, crecen por crecer casi siempre a través del incremento del gasto de las empresas estatales… Recomiendo a todo el mundo que lea el libro Esta vez es diferente. 600 años de estupidez económica de Carmen Reinhart y Ken Rogoff porque demuestra que no está pasando nada que no haya ocurrido en los últimos seis siglos. Queremos conceder la virtud de la solución mágica a la intervención gubernamental y por eso gusta el modelo chino, cuando lo que ocasiona son muchos problemas a la economía mundial.

“Los países emergentes nunca emergen y la razón no es el mercado sino que son modelos de boom and bust: una década de expansión agresiva a través de la vía de los desequilibrios y luego otra haciendo frente a la borrachera”

-¿Se ha ajustado nuestro mercado de trabajo o son necesarias más medidas?

-El mercado de trabajo español está dañado desde los cimientos. Somos la única economía del mundo que desde 1977 ha tenido en tres ocasiones consecutivas y durante más de 10 trimestres un 20 % de paro. Desde 1980 tenemos una media de desempleo del 17 %. El problema del mercado laboral español no es de regulación, no es del Gobierno, es de estructura y de cultura. Hay muy bajo emprendimiento, las empresas son muy pequeñas y por tanto frágiles, más del 90 % son pymes y, de ellas, más de la mitad, micropymes. Tenemos un enorme porcentaje de técnicos que no terminan en puestos de mayor valor añadido y un sector universitario zombificado hacia la Administración. Nuestra economía pasó de tener un 20 % de la población activa dedicada a la agricultura a tener un 20 % de ella en el sector servicios y eso no supuso una mejora de la formación, que sigue reglada por sindicatos y agentes sociales dedicados a recibir subvenciones. No obstante, aunque hay enormes problemas, también son grandes las oportunidades. Hemos pasado de una economía orientada hacia el mercado interno a una exportadora y eso es esencial. Hemos mejorado el nivel de emprendimiento y la factura tecnológica y eso es vital. Hemos hecho un enorme esfuerzo frente al horroroso efecto boomerang de la Administración que no paga, con el impacto que eso ha tenido en el empleo por las quiebras generadas. En definitiva, se ha mejorado mucho, pero es necesario hacerlo más y para ello mirar a Alemania, a Irlanda y a los países con mercados de trabajo más eficientes.

Lo que debemos desterrar es un empresariado que prefiere que le den subvenciones a que le reduzcan impuestos, una orientación tan importante hacia la construcción y los sectores de bajo valor añadido, una Administración y unos sindicatos que en vez de estar interesados en que las empresas crezcan, lo están en fagocitar a las grandes. Del puesto 20 para abajo del Ibex 35 nuestras compañías son muy pequeñas en comparación con las de los principales índices bursátiles de otros países. Tenemos que cambiar el chip y pensar que nos colocamos y ya está. Es necesario, en cambio, crear nuestro puesto de trabajo. Pero es que, además, sorprende que España, con su nivel de paro y una generación muy preparada de jóvenes, no solo tenga una de las tasas de emprendimiento más bajas del mundo, sino uno de los índices de movilidad laboral también más bajos. La media de los trabajadores españoles no se mueve más allá de 33 kilómetros de su lugar de nacimiento…

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Fotos: Juan Carlos Gárgoles.

-¿Cómo nos está afectando el sostenimiento durante tanto tiempo de los tipos de interés cero?

-Esos tipos son un fracaso absoluto. Son la garantía del estancamiento económico a medio plazo. No funcionan y menos como se espera. Perpetúan la sobrecapacidad, incentivan el exceso de endeudamiento, perpetúan los modelos de baja productividad… Estados deficitarios y sectores rentistas los quieren porque así no se plantean el riesgo del déficit al ser tan barato financiarse. El BCE no para de decir que son una herramienta para dar tiempo a que se tomen medidas y eso ya cansa. Estados Unidos ha abierto el camino pero no se le ha imitado. Entre 2010 y 2016 redujo el gasto público con respecto al PIB todo y más de lo que lo subió en el primer año y medio del plan de estímulos. Además, Obama ha mantenido el 90 % de las exenciones fiscales de la Administración Bush. En tercer lugar, ha incentivado la iniciativa privada y ha pasado de ser el principal importador de crudo a uno de los principales productores. Sin olvidar que ha recuperado el dinero dedicado al rescate de su sector bancario y ha obtenido por ello 29.000 millones de dólares de beneficio. Porque no era un rescate, sino un préstamo en bonos contra dividendos. Habría que pensar por qué aquí no se ha hecho así.

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Una Respuesta

  1. Pedro

    Muy interesante la entrevista. El empresario de este país se tiene que poner las pilas, realizar una labor de I+D más destacada, hacer crecer sus empresas, ser ambicioso, no quedarse con los primeros beneficios fáciles que cuandoo vienen mal dadas se hunden, exportar aún más. En definitiva, hacer crecer este país.

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