ENTREVISTA A PILAR SILVA MAROTO

Comisaria de El Bosco. La exposición del V Centenario

Jefe de departamento de Pintura española (1100-1500) y Pintura flamenca y Escuelas del norte del Museo del Prado

-En el año en que se cumplen cinco siglos de su fallecimiento, parecía inexcusable una muestra monográfica del Bosco en El Prado, que atesora sus tablas más importantes…

-En el museo siempre habíamos querido dedicar una gran retrospectiva al Bosco. En el año 2000, la restauración de El Jardín de las delicias propició que se llevara a cabo una pequeña exposición, pero en torno a ese trabajo de recuperación. Después, a medida que nos acercábamos al centenario, sabíamos que era el momento de ponerla en marcha. En Holanda se empezó muy temprano a gestar y teníamos firmado hacía mucho tiempo un convenio con ‘s-Hertogenbosch, su localidad natal, donde ha tenido lugar una exposición de febrero a mayo. Llevamos desde hace más de 30 años estudiando las obras que poseemos del pintor y preparando la necesaria documentación técnica, pero se decidió posponer la muestra al centenario porque era el momento justo para hacerla. Al margen de ‘s-Hertogenbosch, somos la institución más adecuada para albergarla porque custodiamos seis pinturas de las que se aceptan como originales del Bosco, que son en total entre 21 y 25, según los estudiosos. Si sumamos la que pertenece a Patrimonio Nacional y la del Museo Lázaro Galdiano, España posee ocho pinturas originales. Tuvimos más, pero muchas se perdieron. De hecho, se llegó a pensar que el Bosco había estado en nuestro país.

-¿Cuánto personal del Prado está involucrado la organización de una exposición de estas características y cuándo se empieza a preparar?

-El director del Museo, el director de Conservación y la comisaria, en primer término, pero participan también otros departamentos: exposiciones, restauración, documentación técnica, educación, difusión, diseño y edición para la realización del catálogo, sin olvidar tampoco a la brigada y a los electricistas. Durante el tiempo en que se está preparando la exposición, se hacen reuniones con la dirección, con exposiciones, con edición y con otros departamentos, así como también con el arquitecto en todo lo relativo al montaje.

Los organizadores de la exposición de ‘s-Hertogenbosch se han anticipado en ocasiones a la hora de solicitar las obras, que en bastantes casos se han prestado a las dos instituciones. Empezamos a hablar sobre posibles préstamos desde 2011 y comenzamos a realizar peticiones oficiales en 2013. Hay alguna pieza que no se presta como El Juicio Final de la Academia de Bellas Artes de Viena, porque es casi la única obra importante que tienen. Los dibujos también han sido difíciles de lograr debido al tiempo de duración de las dos muestras, de febrero a septiembre. Algunos se han prestado a las dos exposiciones. El mayor reto fue conseguir el Tríptico de las Tentaciones de San Antonio Abad del Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa. Fui al museo para hablar de nuestro proyecto con los responsables y pedirles si había algún modo de que se prestara. Me informaron de que el único medio era firmar un convenio entre los ministerios de Cultura de los dos países, ya que el tríptico tiene la consideración de tesoro nacional. Se firmó el acuerdo. Gracias a él, dado que está en vigor, se han prestado también piezas para la exposición que se inauguró el 1 de julio en el Museo Arqueológico Nacional, Lusitania romana, origen de dos pueblos. Además, desde la rúbrica la colaboración con El Prado se ha hecho más estrecha. Las tentaciones de San Antonio es un tríptico que no se suele conocer mucho porque el museo no se encuentra en la ruta turística habitual de la capital lusa, como el castillo, los Jerónimos, las plazas… A pesar de estar muy bien ubicado y de ser muy accesible. Se acercan más lisboetas que el gran turismo que llega a la ciudad.

-El proyecto el Bosco, que concluyó en ‘s-Hertogenbosch, puso en cuestión la atribución al pintor de Brabante de tres obras de El Prado: Las tentaciones de San Antonio Abad, La extracción de la piedra de la locura y la Mesa de los pecados capitales. El Museo aseguró que contestaría con un análisis técnico en el catálogo de la exposición.

Tras completarse la investigación, hemos llegado a la conclusión de que las tres obras son del Bosco, según se hace constar en las fichas del catálogo, redactadas por la comisaria.

-¿Es muy distinta la aproximación de El Prado al artista de la que ofreció la muestra inaugurada el pasado febrero en el museo Noordbrabants de su localidad de origen, hoy perteneciente a Holanda?

Cada exposición tiene su propio diseño y resulta que han sido muy opuestos, a pesar de que ninguno conocíamos el otro previamente. Allí las obras se han introducido en unas enormes vitrinas y se han colocado entre ellas vídeos para poder observar con detalle la restauración o las propias tablas. Además, muchas piezas no eran del Bosco, había muchos libros y objetos de la época, demasiada mezcla en definitiva. En el proyecto del Prado, se ha reducido el número de obras complementarias y se ha optado por presentar las obras sin grandes vitrinas y, en el caso de los trípticos, en el centro de cada sección, para que el visitante pueda rodearlos, de forma que el efecto que se crea es como si estuvieran en el aire.

“El mayor reto fue conseguir el Tríptico de las Tentaciones de San Antonio Abad del Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa”

-Se conoce poco de la historia personal del Bosco.

-Así es, no sabemos demasiado de él en cuanto a su vida. Sí que tiene una mujer al menos desde 1481, aunque es probable que se casara dos o tres años antes, que no tuvo hijos y que un sobrino de su esposa vivió con ellos durante casi 10 años. Además, está documentado que fue miembro de la Cofradía de Nuestra Señora, que tenía entonces unos 12.000 integrantes, pero como hermano jurado, de los que solamente había 80 que eran clérigos o laicos que formaban parte de la élite de la ciudad. El Bosco subió de estatus al contraer matrimonio, ya que su mujer tenía algunas posesiones dentro y fuera de la localidad y, además, él tenía ya más de 35 años y había adquirido fama por sus cuadros.

El Bosco forma parte de la cuarta generación de pintores de la familia. Su apellido originario, van Aken, viene de Aachen, el nombre alemán de Aquisgrán. Su bisabuelo, que muere hacia 1404, estaba establecido en Nimega (Nijmejen), un municipio muy importante por la presencia de artistas durante la época del gótico internacional. El abuelo, llamado Johannes o Jan se trasladó a ‘s-Hertogenbosch, donde se documenta su presencia en 1427. Se instaló allí porque solamente había un taller de pintura entonces y, por tanto, existían muchas posibilidades de trabajo para él. De los cuatro hijos que tiene tres son pintores y a uno de ellos, que lleva su mismo nombre, lo encontramos en Brujas en 1430. Se trata de un tío del Bosco. Su padre, Anthonis, es el pequeño, como el Bosco fue también el pequeño de los tres varones que tuvo Anthonis –además de dos mujeres–, los tres también pintores. Algunos autores consideran que los tres hermanos pudieron trabajar en un mismo taller. El mayor, Goessen, propietario del taller, está trabajando con el segundo, Jan. Cuando muere Goessen, su casa pasa a sus hijos y a su viuda, que recibe un pago por la policromía de una escultura. No es creíble que entonces el Bosco estuviera también en la casa y menos trabajando en un segundo plano con sus hermanos. Sí que pudieron colaborar, pero no parece lógico que vivieran y trabajaran juntos. Además, el Bosco nunca aparece pagando impuestos en el taller de su hermano primero y después de sus sobrinos.

PILARDENTRO

-Por la temática de sus tablas, desde la diversidad de razas que retrata hasta todo su trasfondo intelectual, se podría pensar que fue un hombre no solo formado y culto sino también viajado y sin embargo parece ser que casi no salió de su localidad natal…

-No se movió mucho, pero en aquella época las personas llegaban a ‘s-Hertogenbosch. Formaba parte del ducado de Brabante (junto a Lovaina, Bruselas y Amberes) y fue la única localidad que, tras la guerra de principios del XVII con la España de Felipe IV, pasó a formar parte de Holanda. Por eso, decir que el Bosco es un pintor holandés no es correcto. Es un pintor flamenco. Durante la vida del artista, Amberes y ‘s-Hertogenbosch eran las dos ciudades que más crecían del ducado de Brabante. No sería por tanto extraño que realizara viajes cortos, algo muy habitual en esos momentos a través de los ríos y canales, y también por tierra. Iría a Brujas y a Bruselas. Los hermanos de la cofradía de Nuestra Señora de ‘s-Hertogenbosch, a la que pertenecía el Bosco, acudían cada año a diversos actos y conmemoraciones de la Virgen. Ahora nos puede parecer terrible realizar un trayecto de muchas horas en un carro o a caballo pero en la época era muy habitual.

-¿Cómo fue percibido su arte mientras vivió y por qué gusta tanto hoy?

-No tuvo la importancia que adquirió después. En 1504, Felipe el Hermoso le encarga un cuadro en ‘s-Hertogenbosch, como está recogido documentalmente. Parece que el encargo lo hizo allí directamente, ya que casi se le podía ver trabajar en su estudio en la plaza de la ciudad. Bianca Sforza, la segunda esposa de su padre el emperador Maximiliano vivió también en la plaza, mientras que Maximiliano y Felipe el Hermoso residieron en el cuarto cesáreo del convento de los dominicos, muy cerca de ella. Era fácil que quien llegara a la localidad conociera al pintor. Juana I de Castilla, duquesa de Brabante y de Borgoña a raíz de su matrimonio con Felipe el Hermoso, mandó hacer con su traje de bodas dorado mantos para la Virgen del Milagro en la colegiata de San Juan de ‘s-Hertogenbosch y para la titular de la Cofradía de Nuestra Señora, a la que pertenecía el Bosco. Le encargaron obras personas vinculadas a la corte, nobles y miembros de la alta burguesía. Engelbert II de Nassau le mandó hacer El Jardín de las delicias. Para el llamado Bastardo de Borgoña, Felipe de Borgoña, llevó a cabo La piedra de la locura y también recibió encargos de Luis de Gruthuse, que residía en Brujas, apartado de la corte por pertenecer a la facción anti-Austria. Fue conocido no solo en su entorno más cercano, sino también en otras ciudades como Amberes o Bruselas. Cabe suponer que le encargaron obras, dentro y fuera de ‘s-Hertogenbosch, aunque, lamentablemente, se han perdido.

“’El Jardín de las delicias’ está lleno erotismo y de goce de los placeres, ‘El carro de heno’ refleja la lucha por conseguir el máximo de bienes materiales y ‘Las tentaciones de San Antonio’ muestra la fantasía del autor en la creación de los demonios”

El público actual ve en tablas como El Jardín una proyección de sus propias fantasías. No nos hubiera complacido tanto si no hubiera representado ejemplos a la inversa. Pintó lo que las personas tienen que evitar si no quieren condenarse. Por eso, El Jardín está lleno erotismo y de goce de los placeres, El carro de heno refleja la lucha por conseguir el máximo de bienes materiales y Las tentaciones de San Antonio muestra su fantasía en la creación de los demonios.

-¿A qué pintores posteriores ha influenciado más?

-A algunos como a Dalí, enormemente, porque ve en él una esfera surreal o un anticipo de un mundo que sobrepasa la realidad, aunque eso se debe al propio Dalí y a otros artistas, no al Bosco. Además, no hay que olvidar que Dalí tuvo mucha influencia de las obras del Prado y tuvo que conocer también las obras del brabanzón en El Escorial.

El Jardín de las delicias, como tríptico que es, se veía en su época cerrado y lo podrían apreciar muy pocas personas…

-El uso y el destino de una obra es muy importante. Sabemos que La piedra de la locura estaba en el comedor del Palacio de los obispos de Utrech. El Jardín es una obra elitista para un ambiente cortesano y estaba en el salón del palacio de Bruselas de Engelbert II de Nassau, que parece que lo mandó hacer en la década de 1490, probablemente en 1498, cuando Enrique III de Nassau –su sobrino y heredero– era aún adolescente. El uso que se le da entonces tiene que ver con que el propietario esté o no siguiendo a la Corte. Si se encontraba fuera de Bruselas, el tríptico debía permanecer cerrado y solamente se abriría para darlo a conocer y sorprender a sus invitados en determinadas reuniones. Verlo daría pie a iniciar conversaciones sobre asuntos como el amor cortés. El duque tenía libros con esa temática y los prestaba.

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-¿Era el Bosco un descreído de la humanidad? Retrató todos los vicios de la sociedad, en sus obras sus personajes parecen hacer lo que quieren. ¿Pretendió criticar al sistema de entonces siendo él un hombre muy religioso?

-Estaba próximo a un ambiente de prerreforma. No olvidemos que Lutero hace públicas sus 95 tesis en Wittenberg en 1517, un año después de su muerte, pero ya en su época se propugnaba una religiosidad más próxima a la de los primeros cristianos y la lectura de la Biblia en las lenguas vernáculas y no en latín. El clero y el papado estaban muy desprestigiados entonces. Por ejemplo, en Castilla, cuando Cisneros emprende la reforma de las órdenes religiosas –incluida la franciscana, a la que él pertenecía–, a instancias de Isabel la Católica, se prohíbe que tengan barraganas. En ciudades como Salamanca, hay una gran contestación. Al final, algunos prefieren marchar con sus barraganas al norte de África.

En aquella época se creía firmemente en que la indulgencias permitían liberar parte de las penas del purgatorio. Se pensaba que los elegidos eran pocos y muchos más los que se condenaban. En El Juicio Final de Brujas [Museo Groeningen] se puede ver cómo los elegidos ocupan una cuarta parte del espacio frente a los condenados, que llenan el resto. La noción de la vida era mucho más pesimista, por eso el Bosco opta por los ejemplos a la inversa. Muestra en sus obras cómo las personas se dejan llevar por el pecado y advierte que nadie se puede salvar si no se evitan esas tentaciones. Por eso, a él se le toleran los desnudos, porque los emplea con esa finalidad moralista. Su objetivo es la originalidad, que pone en práctica con una enorme capacidad inventiva, tanto en la iconografía como en la técnica.

-¿Cuáles son los objetivos de la muestra en términos de difusión y visitas? De momento, la acogida está siendo espectacular…

-Dejamos entrar a un número determinado de personas cada 15 minutos y, desde que inauguramos, hemos tenido esos pases siempre llenos. Todo parece indicar que, cuando se clausure, no habrá podido verla todo el mundo que quiere hacerlo porque si se acaban las entradas ya no se podrá acceder. El tiempo que permanece la gente en las salas oscila entre los 45 minutos y las tres horas, por eso se van llenando a lo largo de todo el día. Con frecuencia, las entradas que se deben vender cada día en taquilla se acaban relativamente pronto y ya no es posible entrar a la exposición hasta el día siguiente. Evidentemente es una exposición para el gran público nacional e internacional. Cabe pensar que en agosto haya muchos más extranjeros, pero también llegarán muchas personas de fuera de Madrid. La expectación es enorme y las cifras de visitantes van a ser muy grandes. Sorolla tuvo también un respaldo mayoritario de la gente, pero se trató de un público más nacional, ahora es diferente. El domingo 17 de julio superamos los 230.000 visitantes y eso en la séptima semana es increíble.

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