Se pronostica el declive del proyecto de Unión Europea, tomando como ultimo elemento de derribo la pobre gestión de los escapados de guerras, miserias, hambre, mala gobernanza o indignidad en sus países, no causadas por Europa pero buscando refugio en ella. Pero: ¿por qué solo quieren venir a Europa?

De los cuatro millones de huidos sirios, el 95 % está momentáneamente refugiado en cinco países: Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto. Otros países ‘ricos’: Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Rusia, Japón, Singapur y Corea del Sur no han ofrecido ninguna plaza de reasentamiento. La UE ha propuesto acoger a 160.000 personas, incluso multando a los estados no acogedores, pocas frente al gran drama, el 3,5 % del total, la mitad de su cuota, que es el 7 %, sobre la población global, pero si todo el mundo hiciera lo mismo, de momento la mitad del problema estaría resolviéndose.

¿Porque no quieren refugiarse en los opulentos Emiratos, en la petrolífera Arabia, en la aguerrida Rusia, en los potentes EEUU, en la gigantesca China o en la pujante India? Una primera e inmediata razón, es que no los aceptan, aunque nadie parezca acusarlos de ‘Fortaleza Insolidaria’. Pero hay muchas otras razones: inexistencia de derechos, ausencia de libertad, menosprecio de la mujer, baja calidad y esperanza de vida o, aun siendo herederos del pacifismo, ahora potencias atómicas pero con la mitad de su población defecando en la calle y pasando hambre.

En resumen, aun estando lejos de su pleno alcance, la Unión Europea es el único proyecto en el planeta que respeta valores humanos a los que todos aspiran y esta construyendo una realidad política supranacional, camino de una gobernanza global a la que también parece aspirar el género humano, vista la impotencia e inutilidad de los viejos estados nacionales, a los que aun tanto antiguo se aferra, para afrontar los nuevos problemas globales, entre ellos, precisamente, el que motiva la huida: el enorme desequilibrio en el que viven miles de millones de seres humanos y que o se diluye en una lenta y dramática ‘homeostasis sistémica’, que es lo que estamos presenciando, o se resuelve por una mucho más deseable solidaridad voluntaria y organizada.

Quieren venir a Europa porque saben y sienten que es el mejor lugar del mundo para vivir. La construcción de la Unión Europea no es fácil, ni cómoda, ni barata, ni exenta de tropiezos, ni rápida. Ya llevamos cuatro generaciones y no se alcanzará ni en la siguiente ni en la otra, pero todas deben construirla en ‘tempo histórico’, asíncrono con el ‘tempo generacional’, lo que produce la angustia de no alcanzarla en una vida pero, precisamente por ello, también tiene la belleza de ser desafío futuro para las generaciones que nos sucedan.

En todo caso, está claro que, a pesar del pesimismo y la obcecación de no querer reconocer sus grandes avances, es un proyecto deseable y ningún otro ámbito mundial con naciones dotadas de paleo-estados ha llegado, ni de lejos, al nivel de gobernanza supranacional de la Unión Europea. Se olvida, por ejemplo, que si se viaja por Centroamérica hay que pasar muchas fronteras de más recientes estados que hablan el mismo idioma pero en las que, según vas cambiando moneda, la vas perdiendo hasta llegar a la última sin un peso o un córdoba o un quetzal, o un lempira o un colón y habiendo dejado en cada una muchas horas en aduanas y bastante dignidad en registros, mientras en Europa, viejos estados como Alemania o Francia o España, con historias, culturas e idiomas diversos, han puesto en marcha una nueva realidad política aboliendo sus otrora orgullosas fronteras, que históricamente costaron tanta sangre, sudor y lágrimas. Se ha decidido que puedes ir de Helsinki a Lisboa sin registros que te desnuden, aduanas que te mareen, cambios de monedas que te desplumen y llegando con tu dignidad intacta.

Además, la Unión, abunda en la eficacia económica. Volver a los controles fronterizos costaría a la UE medio billón de euros, un sobre coste que grava otros entornos desunidos; por ejemplo, en la producción de vehículos la cadena es funcionalmente europea: piezas fabricadas en España se montan en un coche alemán sin parar en aduanas y circulando por infraestructura europea, lo que solo ocurre en la Unión Europea.

Location Germany. Red pin on the map.

Todos parecen querer dar lecciones de solidaridad a los europeos, pero no parece abordarse la cuestión con una mínima racionalidad lo que, como mínimo, supondría:

-Intentar acabar con su causa esencial: la guerra y la mala gobernanza.

-Establecer con los países ‘emisores’ convenios de colaboración y ayuda que permitan disminuir la huida que nadie quiere, como por cierto han hecho distintos gobiernos españoles en los últimos años, sin que ahora nadie parezca reconocerlo.

-En todo caso, haciendo, no solo por la UE, sino por Naciones Unidas, un reparto global equitativo. Y no lo es que la Unión Europea, el 7 % de la población mundial, acoja el 100 % y otros entornos ‘ricos’ acojan el 0 %.

-Establecer una política comunitaria, no el caos de cada país por su cuenta, que sea sostenible, sin convertir a los refugiados en desechables o eternos subvencionados.

-Construir entornos de acogida dignos y humanos, lo que no es tarea política, sino logística y técnica y la Unión Europea y muchos otros estados tienen capacidad y deben hacerlo.

Porque, aun lamentándonos, solo la Unión Europea y nadie mas en el mundo ha rescatado a 500.000 personas del mar desde que comenzó la huida, récord mundial de refugiados rescatados en el mar. El que lo ha intentado sabe lo difícil que es rescatar a un solo náufrago del mar y, siendo solo el 7 % de la población del planeta, hasta el año 2050 recibirá 40 millones de inmigrantes, otro récord mundial.

Solo han sido barcos de la Unión Europea (italianos, griegos y también españoles) los que han rescatado a esas, por el momento, 500.000 personas, que son así las únicas que parecen aplaudir a la bandera española que también es europea, como ocurrió en el buque de la Guardia Civil Río Segura en octubre de 2015 en el puerto italiano de Taranto: en cubierta, apiñados, más de 500 hombres, más de 80 mujeres y más de 40 niños, la mayoría africanos, rescatados al huir en cascarones desde Libia a Europa. Cuando los guardias civiles realizaron el atraque y se izó, sin himno, ni pompa, como un trámite, la bandera español, los 509 hombres, 81 mujeres y 43 menores, con sus monos blancos contra el frío, se arrancan espontáneamente a aplaudir la bandera del país que los ha rescatado para Europa.

Esta claro que la Unión Europea, el 7 % de la población mundial, no puede resolver el 100 % del problema, pero habiendo hecho poco y no bien, frente al enorme desafío, es la única que está haciendo algo, desde el convencimiento de que esa tarea, como la propia construcción europea, no depende solamente del sistema, ni de otros, ni de los líderes, depende del compromiso de todos con el presente y futuro de su construcción, lo que debería tener, si no el entusiasmo, al menos sí la objetividad de reconocer lo que ya se ha avanzado en comparación con otros entornos, para que no seamos nosotros los que las denostemos y sean otros los que aplaudan nuestras banderas.

Una Respuesta

  1. eandro Rodriguez

    He leido algo más que una opinión razonada. Europa y cuanto ofrece es una esperanza; pero antes deben decidir que no existe “guerra justa”
    Vuestro
    Leandro Rodriguez.

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