“Carnage”, en francés, quiere decir “carnicería”. Y “Le Dieu du carnage” –“El dios de la carnicería”- es el título de la obra más famosa de la dramaturga y novelista francesa Yasmina Reza (Paris, 1959), que se estrenó en Francia en 2008. “Le Dieu du Carnage” llegó a España aquel mismo año, con el título “Un dios salvaje” en interpretación de Aitana Sánchez-Gijón, Pere Ponce, Maribel Verdú y Antonio Molero. En 2009 se estrenó en Broadway y en 2011 saltó a las patallas una versión cinematográfica de Roman Polanski, con un reparto formado por Kate Winslet, Christoph Waltz, Jodie Foster y John C. Reilly.

Ahora, la obra, en una versión muy directa y limpia, se representa de nuevo en España –en el Teatro Nuevo Apolo- sólo hasta el día 24 de abril, de la mano del director Paco Montes y con un joven elenco: Jaime Zatarain, Maia Sur, Fernando Ramallo y Lidia Navarro.

La trama, compleja y vertiginosa en su desarrollo, describe el encuentro de dos matrimonios cuyos hijos de nueve años se han peleado entre sí. El relato, inquietante y agraz –el concepto de carnicería es bien apropiado-, desarrollado en este caso con indudable maestría, prende al espectador y pasa revista a la sociedad contemporánea, presa de una competitividad feroz y sin ideas claras sobre la ética, la convivencia, la solidaridad y los demás valores de que alardea. Los prejuicios sociales, las dudas sobre la educación de los hijos, la incomunicación en el seno de las parejas, el vacío interior de unos matrimonios que creen conocerse pero que se hallan realmente muy fracturados, la paradójica contradicción entre las reglas aprendidas de la educación burguesa y los impulsos interiores… son elementos que se amontonan para dar lugar a una gran paradoja que requiere de los actores sentido del ritmo, capacidad expresiva y una cierta vis cómica para desarrollar una visión irónica de la realidad.

Los cuatro actores mencionados, Zatarain, Sur, Ramallo y Navarro consiguen empastar una representación notable, sin fisuras y con una continuidad muy necesaria para que la audiencia se mantenga constantemente en vilo. Nuestro teatro, que crece como en ninguna otra época, goza afortunadamente de muy buena salud.

 

 

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