El Estado Islámico (EI), el mayor temor a nivel internacional, ha conquistado un territorio similar al de Reino Unido entre Irak y Siria. Una de sus últimas victorias ha sido la entrada en la ciudad Siria de Palmira, cuyas ruinas están incluidas en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Por fortuna, según declaró el director de Antigüedades y Museos de Siria, Maamún Abdelkarim, muchas de las estatuas fueron trasladadas a lugares seguros. De lo contrario, los yihadistas podrían haberlas destrozado todas o venderlas para financiar su guerra santa.

El Estado Islámico tiene unos ingresos y unos activos que son más que suficientes para cubrir sus gastos, lo que significa que no estamos ante otros terroristas cualesquiera que llenan sus arcas a través de la extorsión. Detrás de estos yihadistas hay todo un negocio. A pesar de que en un principio se pensó que los bombardeos aéreos de la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, y la caída de los precios del petróleo podían hacer temblar las finanzas del grupo, el tiempo ha demostrado que no es así, según los analistas de la ONG RAND Corporation.

La principal fuente de ingresos de los terroristas es la extorsión y el cobro de impuestos. Se estima que cada día el EI recauda cerca de un millón de dólares gracias a estas dos cosas. Según The New York Times, los sueldos de los empleados del gobierno iraquí están sujetos a unos impuestos de hasta el 50%. Solo de aquí el EI reunió más de 300 millones de dólares el año pasado. En cuanto a las empresas, sus ingresos están gravados con cerca de un 20%. Como otras fuentes de ingresos se les han atascado, como los bancos o el petróleo, el EI ha tenido que incrementar estos impuestos.
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Tras la caída de Mosul, en junio de 2014, los terroristas del Estado Islámico tenían una fortuna que rondaba los 875 millones de dólares. Las principales fuentes de ingresos son las siguientes:
– Extorsión y cobro de impuestos: 600 millones de dólares
– Robo a los bancos propiedad de Irak: 500 millones de dólares
– Venta de petróleo: 100 millones de dólares
– Cobro de secuestros: 20 millones de dólares
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El petróleo no lo es todo, aunque en un principio parecía que esta iba a ser su principal fuente de ingresos. La infraestructura petrolera del Estado Islámico, especialmente las refinerías, ha sido blanco de los ataques aéreos de la coalición internacional. Este es uno de los motivos por los que los ingresos petroleros han bajado a casi dos millones de dólares por semana; además, gran parte de su producción va destinada para su propio consumo: vende el crudo con grandes descuentos a zonas como Kirkuk o Mosul.

El gasto más grande de estos yihadistas es en salarios, como si de una empresa se tratase. Se estima que cada mes gasta entre 3 y 10 millones de dólares en pagar a ‘los suyos’, entre los que se encuentran las instituciones estatales de policía, los medios de comunicación o los tribunales. El grupo terrorista evita las inversiones en infraestructuras, ya que saben que pueden ser un blanco fácil para los ataques y porque el territorio sobre el que se asientan es completamente cambiante.

Poco más gastos tiene el grupo islamista. El Estado Islámico no tiene que comprar armamento o material militar porque directamente lo roba y tampoco llega a un nuevo territorio y empieza a construir infraestructuras, pues se bastan con lo que se encuentran. Y si pierden puntos estratégicos, como pasó con Tikrit, Al Baghdadi y sus pupilos arrasan con otros territorios para imponer, mediante la fuerza, su ley.

Dos fuentes de financiación distintas

Además de las ya mencionadas más arriba, el EI se beneficia de donaciones que le llegan de países como Arabia Saudí, Catar o Kuwait. Según afirma el politólogo Hasan Hasan, experto en grupos extremistas, los yihadistas “se benefician de las donaciones de hombres acaudalados del mundo musulmán, mayoritariamente de países del Golfo. Pero no se puede decir que esté financiado a través de canales oficiales o por el Estado. Son donantes privados que creen en su proyecto de Estado islámico y que quieren contribuir en la lucha contra sus enemigos, Damasco y Bagdad”.

Los terroristas se financian gracias a estos inversores privados y gracias a que Siria, al igual que Irak o Egipto, alberga uno de los yacimientos arqueológicos más extensos del mundo: en sus tierras se esconden restos y piezas de la antigua Mesopotamia, del periodo romano helenístico, de la Grecia bizantina o del arte islámico. Eso lo saben los yihadistas y han sacado buena tajada.

Ciudades como Apamea, Ebla o Raqqa han sido desvalijadas de arriba abajo. Las imágenes que los mismos muyahidines han colgado en Internet dejan cuenta de la barbarie cultural que han cometido. Han saqueado los museos, han robado las reliquias milenarias de algunas ciudades e incluso han organizado excavaciones. ¿Y qué hacen con todo esto? Lo venden en el mercado negro. Aunque no hay cifras exactas, el contrabando ilegal del arte mueve alrededor de 3 billones de dólares cada año. Hay que detener al Estado Islámico antes de que arrasen con las minorías y con la cultura de Oriente Próximo.

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